viernes 10.07.2020
Aniversario

Norman Foster, el arquitecto de altos vuelos, cumple 85

Norman Foster. EMILIO NARANJO
Norman Foster. EMILIO NARANJO

Cuando hoy sople las velas por su 85 cumpleaños Norman Foster seguirá sosteniendo el lápiz que le llevó a convertirse en una superestrella de la arquitectura, la disciplina en la que aún profesa para unir sus impulsos de artista y métodos de ingeniero.

Preguntado en 1991 por la BBC acerca de su edificio favorito, el británico, que era un apasionado de la aviación y había hecho el servicio militar en las Real Fuerza Aérea británica, sorprendió con su respuesta: un Boeing 747.

«Destila confianza, estilo, tecnología y es acogedor en una forma en la que muy pocos lo han conseguido», dijo para justificar una elección que también hablaba de sus ambiciones.

Criado en un barrio pobre de la sombría Manchester de posguerra, Foster defendió el pragmatismo de su trabajo, las obras entendidas desde las necesidades de los que las habitan. También el «hacer más con menos», una estela que recogió del arquitecto californiano Richard Buckminster Fuller, uno de sus grandes mentores durante su paso por la modernista Escuela de Arquitectura de la Universidad de Yale, a la llegó con una beca recién graduado en Manchester. Allí aprendió a mirar y a dibujar, y en su tiempo libre descubrió a grandes arquitectos de la costa oeste como Charles Eames, Pierre Koenig o Ezra Ehrenkrantz, o a Mies van der Rohe, figuras a las que hoy se une su foto en los manuales de arquitectura.

Arquitectura poética

Con aquel bagaje, Foster volvió a Inglaterra y en 1963 puso en marcha un pequeño centro de arquitectura llamado Studio 4, el germen del actual Foster and Partners, una firma con más de 1.000 empleados y una facturación de más de 250 millones de euros al año. Estructuras ligeras, fachadas acristaladas o atrios con luz natural fueron algunos de los elementos con los que Foster intentó hacer un poco más poética la arquitectura inglesa de los 60, aún obsesionada con los búnkers de hormigón visto. Su primer gran proyecto, el edificio Willis Faber en 1970, estableció al creador en la órbita de los futuros talentos, y el diseño irracional del centro de artes visuales Sainsbury en Norwich, introdujo su firma en el mundo de la arquitectura cultural. El edificio que consagró definitivamente al de Manchester fue la sede del banco HSBC que construyó en 1985 en Hong Kong, 47 pisos con los que consiguió reinventar el concepto de rascacielos y también quedarse al borde de la bancarrota.

El diseño del Metro de Bilbao (1995), la Torre Hearst de Nueva York (2006), el Ayuntamiento de Londres (2002), el aeropuerto de Pekín (2007,) o el Museo Nacional Zayed de Emiratos Árabes (2017), junto con la ampliación del Reichstag en Berlín o la cubierta del Museo Británico son otros de sus proyecto más emblemáticos. Casado en terceras nupcias con la psicóloga orensana Elena Ochoa, el arquitecto ha estado muy ligado a España en los últimos años gracias a la rehabilitación de Salón de Reinos del Museo del Prado. En 2016 instaló su Fundación en Madrid.

Norman Foster, el arquitecto de altos vuelos, cumple 85
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