lunes. 26.09.2022
LAXE
Oliver Laxe con Benedicta y Amador, protagonistas de la película 'Lo que arde', premiada en Cannes. ARCHIVO

Benedicta cumplirá 84 años en octubre. El director Oliver Laxe cuenta que duerme en el suelo y que come cada día un aguacate y un limón. Benedicta salió de O Corgo, una aldea a pocos kilómetros de Lugo, y se puso a bailar una muñeira en el photocall del Festival de Cannes, donde Lo que arde obtuvo el premio del jurado en la sección Una Cierta Mirada. Junto a Benedicta estuvo ayer en San Sebastián Amador, que en la película interpreta a su hijo, un pirómano que sale de la cárcel y regresa a su aldea. Su madre le observa al llegar en la huerta, bajo la lluvia, y le recibe con una pregunta: «¿Tienes hambre?». Programada en la sección Perlas del Festival de San Sebastián, Lo que arde es un deslumbrante artefacto que atrapa un modo de vida en extinción en la Galicia rural y utiliza los devastadores incendios que cíclicamente asolan la comunidad como espejo que interroga a los personajes y al espectador. Laxe, que con sus dos películas anteriores ya triunfó en Cannes, Todos sois capitanes y Mimosas, rodó en la aldea de su madre, en la que veraneaba de pequeño. Sus padres emigraron a París, donde él nació, y trabajaban de porteros en un distrito rico, el XVI. «Cuando veníamos los veranos no había carretera y bajábamos las maletas en la burra de mi abuelo», recuerda. «Tengo 37 años y he vivido la Edad Media». Lo que arde, que llega a los cines el 11 de octubre, arranca con las imágenes más fascinantes que se han visto hasta el momento en San Sebastián: un bosque de árboles nocturno derribados por lo que se diría un gigante, hasta que descubrimos que el culpable es un ejército de bulldozers. Después convivimos con los dos protagonistas, que cuidan de las vacas e ignoran las maledicencias de los vecinos. Cuando Amador le explica a Benedicta que los eucaliptos extienden sus raíces durante kilómetros, como un saco viejo de patatas que impide crecer otras plantas, su madre le responde: «Si causan sufrimiento es que ellos sufren».


«Todos estamos condenados a la extinción, las dos únicas verdades de la modernidad, la ecología y la economía, nos lo dicen», reflexiona el director. «Yo he retratado valores rurales que se están perdiendo, he filmado a dos seres que siguen resistiendo».

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