viernes. 27.01.2023
Patrimonio

El Prado afronta un año con Tizziano y reformas

La pinacoteca espera la incorporación del Salón de los Reinos. Las exposiciones se centrarán en su propia colección
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Imagen de una de las salas del Museo del Prado. VÍCTOR LERENA

Después de la «resaca» marcada por la celebración de su bicentenario, el Prado podría vivir otro año que «acarrearía una transformación importante del museo tal como lo conocemos», dice Miguel Falomir, director del Prado, con la incorporación del Salón de Reinos a la estructura central del museo, un proyecto que debía iniciarse en 2018 pero que depende de que su partida se incluya en los Presupuestos Generales del Estado, y que éstos se aprueben en las Cortes.

«El plan es empezar las obras a finales de este año», asegura Falomir, esperanzado. «El fallido presupuesto del año pasado contemplaba el compromiso de financiación del Salón del Reino, y confiamos en que se mantenga». Mientras despejan la incertidumbre política de la ampliación, el Prado trabaja en dos líneas: una estructural y otra expositiva.

La primera consiste en la renovación de la sala del Bosco, la recuperación de las galerías jónicas, la dedicación de un salón para que el Prado «cuente su propia historia, como el Louvre y los otros grandes museos europeos», y la habilitación de áreas de descanso para hacer de la pinacoteca un lugar «menos inhóspito» en un entorno donde las «visitas cada vez son más prolongadas», dice Falomir.

Con una reforma integral de la instalación de las obras del pintor flamenco, que desde hace unos años pueden apreciarse en sus anverso y reverso, se pretende que sea más «didáctica» y potenciar así la participación del público. Los trabajos se harán de tal manera que los óleos permanezcan ante la mirada del visitante. «Las obras del Bosco no se retirarán, deben estar siempre expuestas», afirma Falomir.

En cuanto a las galerías jónicas, que van desde la Puerta de Murillo a la de Velázquez, se instalarán 52 esculturas clásicas, entre bustos, retratos, relieves y escenas históricas, en esas dependencias que dan al Paseo del Prado.

El Prado llega a 2020 con una programación más sosegada que la del anterior periodo. Bajo el título de Nuevos públicos, nuevas narrativas, la serie de exposiciones que vienen se centran tanto en su propia colección como en un conjunto de obras invitadas. «Queremos aportar nuevas formas de aproximarse a la colección permanente», explica Falomir. «Las exposiciones temporales se realizan con la idea de ampliar el tipo de narrativas. Dentro del compromiso con las cuestiones de género se va a señalar cómo la mirada masculina ha impuesto una forma de aproximarse a la mujer y asignarle roles».

La exposición Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España reúne obras de consagrados entre 1833 y 1931 que «no estaban en la periferia, sino que representaban la imagen oficial» de una época en la que hubo pocas artistas.

El Prado afronta un año con Tizziano y reformas
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