jueves 20.02.2020
Literatura

«Me pregunto si la posguerra ha terminado»

Antonio Gamoneda presenta ‘La pobreza’, segunda entrega de sus memorias
El escritor leonés Antonio Gamoneda presentó ayer en Madrid la segunda parte de sus memorias.BENITO ORDÓÑEZ
El escritor leonés Antonio Gamoneda presentó ayer en Madrid la segunda parte de sus memorias.BENITO ORDÓÑEZ

El escritor y poeta leonés Antonio Gamoneda arranca el segundo volumen de sus memorias titulado La pobreza en 1945, en plena posguerra española, una época que vivió, sufrió y cuenta con «realismo» y sobre la que se pregunta, «sin estar seguro», si ha terminado.

«Creo que la pobreza significa también el vaciamiento vivencial, aquel vacío vigilado que existía en la que era nuestra España, esa que a veces tengo miedo de que siga siendo nuestra España», ha contado el escritor durante la presentación de esta segunda parte de su relato vital que la editorial Galaxia Gutemberg sacó ayer a la venta.

Un libro que para Gamoneda es de un «realismo» que él entiende «de otra manera que el realismo convencional», y que atiende «al propio instante de estar escribiendo» lo que le estaba ocurriendo cuando escribía este volumen, un ejercicio que hizo con esa suerte de «ceguera» con la que «uno va reconociendo los lugares de la memoria».

«Es mi vida -ha añadido- pero irreparablemente mi vida se produce en un tiempo, y ese tiempo se inicia con la posguerra española, y habría que situar en este terreno la pobreza. He querido hablar de una pobreza que no era unicamente la mía, pero también, y que incluye los aspectos más visibles como el hambre. Empieza el libro con la posguerra y yo me pregunto si la posguerra ha terminado, no estoy seguro».

Aquella España

"Siendo niño pasaba horas para comprar tres bollos de harina fermentada"

Un texto éste en el que arranca, ocupando casi un tercio, con una reflexión titulada La escritura, en la que aborda el hecho de escribir unas memorias y retrata a las personas que han influido en su vida. Y si en la primera parte (Un armario lleno de sombra) era su madre la protagonista, por estas páginas se pasean su «compañera», sus hijas y sus amigos, esos que fueron «compañeros en la resistencia».

Ya en la segunda parte, la que titula con el nombre de la obra, Gamoneda nos invita a leer un diario en el que se incluyen reflexiones sobre poesía y poética, episodios oníricos con grandes dosis de humor sobre el acontecer social, del trabajo y hasta de sus viajes.

Un vacío vigilado

Reflexiones y narraciones escritas «de fuera para dentro» porque su mecánica es la de la poética: «Me he exigido una certidumbre especial al encontrarme conmigo mismo y con los hechos que me han configurado, necesitaba encontrarme con ellos de una manera verídica para hacer esa interiorización».

Según sus palabras, durante la posguerra existía un «vacío vigilado» del que esperaban «algo» que no es lo mismo que «tener esperanza». Algo que es «posible que no haya sucedido todavía».

«Quizá sustancial y existencial, pero esa espera no está abordada, no se ha cumplido entera. En España permanecen los mismos componentes relacionados con la felicidad, que responden a unas estructuras económicas. Esto quizá no es tan grave, pero no se ha modificado porque sigue habiendo desahucios, hay hambre, en España hay miseria», ha matizado.

Unas palabras que ha cerrado con una afirmación: «parece que esperar la democracia formal fuera una simpleza, se esperaba más».

Gamoneda también ha contado cómo siendo niño se pasaba «horas» cada día para comprar «tres bollos de harina fermentada», cómo estaba pendiente de si «habían delatado al vecino de abajo» o de si venían a su propia casa. «Esto es descriptivo de algo que si no fuera terrible sería anecdótico», ha añadido el escritor al tiempo que ha expresado que en la actualidad estamos viviendo «el fracaso de las ideologías».

«Las ideologías informan la vida en términos institucionales, nuestra Constitución dice que todos los españoles tienen derecho al trabajo ¿y cómo es posible que haya este paro creciente?», se ha preguntado.

Gamoneda no sabe hasta «dónde llegarán sus memorias» porque es consciente de los años que tiene (88) y afirma tener una «desconfianza» en sus «próximos ocho años», por eso ha incluido en esta parte su presente, lo que está viviendo.

«Me pregunto si la posguerra ha terminado»