sábado. 02.07.2022

Se levanta uno esta semana como con hambre de rebajas. No sólo esas que se apelmazan en los cristales de los comercios leoneses y que dinamizan de nuevo el bullicio de las calles de León. Más bien, un hambre de rebajas en lo que se refiere a pretensiones y anhelos dadivosos para este año que acaba de abrir la boca de puro nuevo que está.

Uno comienza con ganas de enmienda. Con esa actitud personal de renovación, como agradeciendo que cada año se pueda poner un punto y a parte, reiniciando la máquina de los buenos propósitos.

Son tantos los anhelos que reclamamos a los de afuera, a los que nos rigen y ostentan el poder de congregar las buenas leyes que han de formar una sociedad mejor, que a veces nos faltan momentos para asumir nuestros retos y responsabilidades.

Por eso el comienzo de año es tan pertinente. Uno acaba el año con música como la del Coro «Ángel Barja» JJMM-ULE dirigido por Aitor Olivares García y comienza escuchando también sus piezas. Piezas como su interpretación del soneto LXVI de Neruda con música de Javier Busto, que en las voces de este coro hacen que uno se plantee que existe posibilidad de remisión para con ciertas conductas cobardes o poco agraciadas que nos acompañan a lo largo de nuestra vida. Una música que eleva las ganas de belleza y genera esperanza en lo bueno que todavía sabemos que puede dar el ser humano.

Porque de eso se trata, de asumir nuestra parte de responsabilidad. De saber que el cambio de rumbo no se ejerce solo. Que si no vamos al gimnasio nosotros, no se nos quitarán esas lorzas de felicidad porque un amigo vaya dos veces más. Que si no llamamos a ese viejo amigo, la distancia no se acortará sola. Que si no arrimamos el hombro en nuestra casa o en nuestro trabajo, la solidaridad no empieza a rodar.

Es muy común empezar el año con grandes propósitos para los demás, pero nuestra parte es una parte inequívocamente importante. Nuestra posición social ante los criterios de nuestros representantes es imprescindible. No vale sentarse con la resignación del derrotado, hablando de la catástrofe como algo que generan o derogan otros en esferas más altas.

Somos parte del cambio; y para ello es necesario creernos que podemos. Creernos que vamos a tener un año con dificultades pero que entre todos solventaremos los baches y celebraremos los éxitos. Creernos que tenemos derecho a cambiar lo que nos parece que destruye y sustituirlo por personas y acciones que dinamizan y construyen un mundo por y para las personas. Creernos que somos parte imprescindible de este engranaje y por tanto que nuestra ínfima aportación para mejorar nuestra sociedad, es importante.

Empezamos el año. La energía se renueva y hemos de demostrar a quienes no escuchan la voz de todos, que no hay lugar para ellos. Somos más y podemos demostrar que cada uno, en su pequeña individualidad, puede ejercer un poder inmenso a favor de lo comunitario. Son propósitos; pero en nuestra mano está que se transformen en realidades.

Propósitos
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