sábado 24/7/21
CULTURA

El Quijote de Cervantes y Trapiello

El escritor leonés presenta en la Residencia de Estudiantes su titánico proyecto de ‘traducir’ El Quijote

Puede sonar ambicioso pero es real: El Quijote de Cervantes y Trapiello. Máxime cuando el artífice de este Don Quijote de la Mancha confiesa que se sentiría feliz si al leer esta obra «fuera alabado no por lo traducido, sino por lo que he dejado de traducir», dijo Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, 1953), ayer en la Residencia de Estudiantes, que presentaba su flamante Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes puesto en castellano actual íntegra y fielmente por Andrés Trapiello (Editorial Destino).

Sí, estaba en ese lugar que transporta a la Institución Libre de Enseñanza, a las misiones pedagógicas... y que en la obra de Trapiello (casi lo ha sido este trabajo) están tan presentes que ayer fueron varias veces mencionadas. Juan Carlos Mainer y Jordi Gracia, filólogos de máximo prestigio y amigos del autor leonés, junto a Emilio Rosales, como editor, acompañaron al autor.

Y si para la editorial Destino este libro es todo un acontecimiento, ayer se pudo oír por ejemplo a Rosales calificar de privilegio su participación como editor. También casi hasta se exclamó en palabras de Mainer: «Este Quijote, que ya no es sólo de Cervantes, sino también de Trapiello». Y se sumaron los elogios de Gracia al valorar la coherencia en la ejecución y en la idea; o como había dicho por la mañana en la Ser Juan José Millás: «Esto es una obra maestra de Andrés Trapiello».

Así que la temperatura literaria sólo se podía comparar con la de Madrid. cuando la primavera empieza a hornear. Y por eso, Trapiello, de traje claro, no oponía resistencia a las fotografías junto a árboles al lado de la Residencia. Catorce años detrás de la idea de traducir el Quijote a castellano actual, y no perecer en el intento, merecían también sus estampas bucólicas.

Aventura secreta

Trapiello comenzó su intervención con un sincero gracias a todos los que han participado en esta aventura que, curiosamente, fue secreta hasta hace dos meses. El autor de Las armas y las letras quiso abrazar así «a todos los que me han guiado por este proceloso asunto que es don Quijote y Cervantes», explicó. Y ahí incluía, cómo no, a su familia, a la que con humor definió algo así como ‘Carromato Trapiello’: «Les hemos dado una carrera a nuestros hijos, pero todos juntos trabajando como una empresa», comentó con humor, lo que daba pie a resaltar la espectacular portada hecha por su hijo Guillermo Trapiello, que habría que sumar al hecho de que el propio Andrés Trapiello interviene como tipógrafo de este libro.

El Quijote en bandeja

El escritor leonés desveló sus dudas acerca de la oportunidad de una publicación de estas características. «Pensé que el libro iba a tener peor acogida. De hecho, cuando se supo la idea hubo reacciones en contra. Tal vez porque no querían que hubiera alguien que lo hubiera leído y entendido. Como diciendo: Yo lo he leído y no he entendido nada. No quiero que haya alguien que lo entienda», relató.

De esta forma dejaba claro Trapiello que su función e intención es poner al lector el Quijote en bandeja del siglo XXI. Ya que, por ejemplo, como él mismo resaltó, «que el Quijote de Paco Rico tuviera 5.552 notas a pie de página para poder entenderlo, no por capricho, explica esa dificultad del lenguaje, y fue una de las cosas que justifican éste en castellano actual», indicó. Y añadió que «es un libro de paso al otro, al importante».

El escritor leonés Andrés Trapiello sentado ayer en un banco de la Residencia de Estudiantes, donde presentó su Quijote. FOTO: RAQUEL P. VIECO

Además de servir para casi desmentir esa verdad que muchos esconden y que no es otra que el Quijote es uno de los libros de mayor fracaso lector, Andrés Trapiello explicó que «me gustaría que los lectores dejaran de pensar que el libro es mío y de Cervantes, y lo leyeran como un libro de todos», aseguró. El premio Nadal en 2003 por Los amigos del crimen perfecto confirmó que no sólo es un experto en la célebre novela de Cervantes, sino capaz de encontrarle más caras al poliedro literario: «También me gustaría que el lector entrara en ese personaje que es don Quijote. Que lo retratan serio, pero que es jovial, melancólico, que se ríe mucho. Daría para un trabajo que no se ha hecho sobre las risas de Don Quijote», añadió.

Escritor metódico

Fue por tanto una oportunidad para conocer de cerca la sabiduría. El conocimiento comprometido de alguien que vive su trabajo literario como profesional metódico. Como si reivindicara que la vida pública no ha de restar un segundo de la privada. Aunque ocasiones como la de ayer merecían la pena para saber en persona las razones de su último riesgo literario: este Don Quijote de la Mancha puesto en castellano actual, y que fue, en definitiva, el día de un estudioso en la Residencia de Estudiantes.

Y también se confirmaba ayer que no hubiera sido necesario conocer esta valiosa edición para reivindicar al mejor Trapiello cervantino. Porque todo viene avalado por novelas que abundan en el tema, como Al morir don Quijote (2004) o El final de Sancho Panza y otras suertes (2004), o la biografía que realizó sobre el propio autor en 1993. Es decir, que, tal vez casualidad, cada diez años cae algo de Trapiello con Cervantes como telón de fondo. Aunque ahora sepamos que este último le ha ocupado más de una década.

El Quijote de Cervantes y Trapiello
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