sábado. 28.01.2023

Retrato leonés de la tragedia

Cuando se cumplen tres años del seísmo, el leonés Andrés Martínez Casares recuerda su trabajo en el país caribeño. «Haití es mucho más que el terremoto», dice.
Una de las fotografías que el leonés realizó para la agencia Efe en Haití y que dieron la vuelta al mundo.

El 12 de enero de 2010 un terremoto de 7,2 grados sacudió Haití. La pobreza del país y la poca consistencia de muchas de sus construcciones alimentaron los efectos del seísmo, que dejó más de 300.000 muertos, miles de heridos y un millón y medio de personas sin hogar. Las imágenes de la tragedia pronto empezaron a recorrer el mundo. En ese momento, el fotógrafo leonés Andrés Martínez Casares se encontraba en México DF realizando un trabajo sobre un programa de asistencia a personas sin techo. Esa misma noche, asegura que comenzó a «ser consciente de la situación» a través de las noticias que llegaban de Haití y, por ello, cuando a la mañana siguiente un compañero le dijo que estaban reservando billetes para viajar a Puerto Príncipe, no tuvo ninguna duda de cuál sería su próximo destino. «En pocos minutos salí a su encuentro en el aeropuerto», recuerda. No hubo tiempo «ni para hacer el equipaje», pero la situación demandaba rapidez. Cámara en mano, durante la mañana del día 14 comenzó a recorrer la capital de Haití captando a su paso imágenes de los afectados por el seísmo y de las personas que todavía trabajaban en los escombros y ayudaban a los heridos. Apunta que «la realidad supera cualquier expectativa» y ahora, cuando se cumplen tres años del terremoto, reconoce que no fue «consciente» de todo lo que sintió a su llegada a Puerto Príncipe «hasta varios días después».

Insiste, sin embargo, en que «la imagen de un país devastado» que se ofreció al mundo durante esos días es en cierto modo «una exageración». Recuerda que se trata «del país más pobre de Latinoamérica» y que los efectos del seísmo se vieron incrementados precisamente por esta situación. Aún así, dice que «Haití es mucho más que el terremoto».

Entre los escombros de Puerto Príncipe y las miles de tragedias personales es difícil frenar los sentimientos y sensaciones, y aunque afirma que los recuerdos «son muchos», uno tiende «a taparlos con una cortina en la memoria si son malos» para quedarse sólo con los «buenos», que son los que te permiten continuar. Entre estos últimos destaca alguno vivido —y también captado con su cámara—, en el que se reflejaba, según dice, «algún gesto de eterna esperanza entre un ambiente que parece que nunca va a cambiar». En el ámbito profesional, este fotógrafo leonés considera que los tres últimos años en Haití le han servido de alguna manera para «licenciarse» en su trabajo. Durante este tiempo, destaca que ha aprendido «mucho más» de la profesión que en el periodo que pasó «en la Universidad o trabajando en España» y esta experiencia ha tenido también un efecto personal sobre él, ayudándole a comprender «que la realidad no es sólo lo que a uno le rodea», sino que existen muchas realidades «distintas».

Y es que los años de Haití le valieron, entre otras cosas, para realizar un trabajo en exclusiva para The New York Times y para ver sus fotografías publicadas en grandes cabaceras como Le Monde, Financial Times o The Wall Street Journal.

Retrato leonés de la tragedia
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