viernes 13.12.2019

Robés se digitaliza en La Habana

El fotógrafo villafranquino expone en el ILC una colección de fotografías sobre la capital cubana.
Robés se digitaliza en La Habana

Los artistas bercianos de Villafranca tienen un bendito contagio de romanticismo. En sus mentes está presente siempre la poesía que brota espontanea de las viejas piedras de la hermosa villa y que todo lo empapa. Tal es así, que artistas de la fotografía que en su evolución han llegado a la era digital, siguen escondiendo en lo más profundo de su conciencia esa cadencia que solamente puede encontrarse en lugares mágicos como Villafranca.

Habana es el título de la exposición fotográfica que Robés, presenta hoy en el Instituto Leonés de Cultura, de la Diputación Provincial. Y uno se pregunta ¿por qué tan lejos? ¿Hace falta cruzar el océano para encontrar nuevos motivos de inspiración? «La Habana es una asignatura que todos los fotógrafos se plantean alguna vez. Es una especie de reválida para el que quiere dedicarse a esto de la imagen, todos tenemos que ir allí a examinarnos. Fui a La Habana por dos razones, la primera, esa, aprobar un examen. La otra, creo que estas alturas ya podemos decirlo, es que soy una persona que hoy se define como totalmente de izquierdas, y La Habana, es para mí un destino definitivo, un reducto único».

Robés realizó durante dos años varios viajes a Cuba para encontrar las imágenes que mejor definieran el alma de la ciudad. «La Habana —explica— es un escenario de seis millones de actores. Es un escaparate en el que se está representando constantemente una vida colectiva y a la vez seis millones de vidas individuales. Aunque lo cierto es que en La Habana cada uno encuentra lo que quiere encontrar, cada persona ve lo que quiere ver».

En este escenario, naturalmente, tienen una especial importancia, sus calles, sus monumentos, sus viejas casas… y unos colores diferentes. «La ciudad de la Habana es romanticismo, es luz, es espectáculo. En La Habana nace el color del Caribe, yo creo que el azul se inventó allí. Esta exposición que hoy se inaugura nació en blanco y negro, y es mi último trabajo grande en analógico. Desde el principio fue compleja de gestionar, y en su transcurso decidí cambiar el rumbo y terminarla en color y en digital.La vida es en color, pero que los sentimientos son en blanco y negro. La Habana es una cuestión de sentimientos, pero está llena de vida. Por eso pasé del blanco y negro al color». Robés ha caído en las redes de las nuevas tecnologías, pero no es feliz con el cambio. «No siento en lo digital. El romanticismo que veía en la vida analógica. Sigo viendo el romanticismo en fumarme tres paquetes de cigarrillos en una noche, mientras estás en un laboratorio fotográfico con una luz roja sobre tu cabeza y contemplando como a través de unos líquidos y unos papeles se consigue el milagro de la imagen. Hoy, en el mundo digital me encuentro huérfano de esa magia. Yo, a día de hoy, ya no me enamoro de las cámaras, son puros instrumentos como puede ser el martillo para un carpintero. Antes, cuando la vida era analógica, tenía un nombre para cada cámara y tenía una magnífica relación con ellas. Hoy ya no».

Robés se digitaliza en La Habana