lunes 29/11/21
Literatura

Sabino Ordás crece contra Carmen Mola

Frente a las evidentes finalidades crematísticas del premio Planeta, el heterónimo leonés sigue defendiendo su vigencia
                      Juan Pedro Aparicio, Luis Mateo y José María Merino decidieron crear a Sabino Ordás como heterónimo de aventuras literarias. M. PÉREZ
Juan Pedro Aparicio, Luis Mateo y José María Merino decidieron crear a Sabino Ordás como heterónimo de aventuras literarias. M. PÉREZ

Supimos que tres escritores inventaron un heterónimo femenino, Carmen Mola, para publicar novelas negras comerciales que no han dudado en revelar para poder cobrar el premio del más cacareado concurso literario. El uso de seudónimos o la creación de heterónimos en literatura (y en general todas las artes) puede deberse a distintas razones. Los pseudónimos permiten a algunos artistas burlar la ley (Flann O’Brien era en realidad Brian O’Nolan, un funcionario irlandés con incompatibilidad para publicar fuera de su trabajo) o esconder su verdadera identidad (el caso peninsular más (des)conocido es el del escritor en euskara Bernardo Atxaga). Aunque también pueden ser un ejemplo del exhibicionismo del autor: el uso de un seudónimo misterioso puede ser un eficaz arma de mercadotecnia como, siguiendo los pasos de la italiana Elena Ferrante, acaban de reconocer los flamantes receptores del premio Planeta.

Los heterónimos obedecen a otra lógica literaria: Fernando Pessoa, el padre de la criatura, lo dejo claro en la revista Presença: «Lo que escribe Fernando Pessoa se puede encuadrar en dos categorías: las obras ortónimas y las heterónimas. No se puede decir que sean autónimas y seudónimas, porque realmente no lo son. La obra seudónima nace de la propia persona de su autor, salvo por el nombre con el que firma; la heterónima es de un autor fuera de su persona, es de una individualidad completamente fabricada por él, como serían los dichos de cualquier personaje de cualquier obra suya.» Es decir que un heterónimo es un «personaje» que campa por el mundo publicando su propia obra. La ínclita Carmen Mola parece que podría rebasar el concepto de seudónimo colectivo para llegar al de heterónimo porque, según confiesan los creadores y reconocen los que han leído sus libros, tiene un «estilo propio», marcado por la truculencia y la casquería.

Aparicio, Mateo y Merino

En este campo de los heterónimos colectivos, curiosamente también nacidos de una trinidad autorial, destaca el leonés Sabino Ordás que, allá por finales de los setenta, tres jóvenes autores vivificaron aplicando aquella teoría de Juan de Mairena, otro conocido apócrifo: «Tenéis unos padres excelentes, a quienes debéis respeto y cariño; pero ¿por qué no inventáis otros más excelentes todavía?». Juan Pedro Aparicio, Luis Mateo y José María Merino necesitaban un maestro que apoyara la literatura que querían hacer, una literatura a contracorriente en tiempos de realismo social y vacua experimentación, y como no lo encontraron, se lo inventaron.

‘Notable’ filólogo

Así nació don Sabino Ordás, un notable filólogo exiliado que tras su jubilación vive -pues no tenemos noticia de su fallecimiento- en Ardón. Ordás apareció en las páginas literarias del Diario Pueblo en la que desde su sección, Las cenizas del fénix, pontificó creando una escuela fecunda que renovó con la fuerza de lo popular y lo imaginativo la literatura en lengua castellana.

Merino y Mateo, junto Agustín Delgado, ya habían creado, en 1975, un montón de heterónimos leoneses con una finalidad fundamentalmente crítica y jocosa, en su Parnasillo provincial de poetas apócrifos. Esta falsa antología es, aunque desde la sátira, otra defensa de la literatura popular frente a los que el también ficticio prologuista define como «renovadores de la lírica [que] se convirtieron en [sus] espantadores, tañeron los cencerros de oropel como para que el vecindario se disolviese, fundaron un cenobio y entre oficiantes acólitos se quedaron en su modorra de mutuas admiraciones». Es difícil destacar a alguno de los autores antologados por lo que prefiero invitar al lector interesado a rebuscar entre los desopilantes heterónimos.

La contaminación

Y dado que el concurso literario por antonomasia ha dado pie a este artículo, creo que conviene recordar lo que don Sabino Ordás publicó, allá por el mes de octubre de 1978, en su artículo La contaminación del Planeta: «El dolor de estas reflexiones nace de ese extraordinario montaje que organiza la editorial del señor Lara para conceder lo que se llama Premio Planeta. Hasta este rincón de mi retiro purificador de Ardón han llegado, una semana antes de que el fallo fuese hecho público, los nombres de los dos ganadores del Planeta».

«La editorial tendría que multiplicar el importe del premio varias veces para poder pagar siquiera una parte de los espacios que la televisión y demás medios de comunicación, le dedican gratuitamente como noticia.[...] Es como si los periódicos y revistas, radio y televisión, los medios, en suma, [...] subvencionaran al señor Lara para que promocione anualmente, bajo una fórmula publicitaria simple pero efectiva, algunos de los productos de su editorial». Lo dijo el sabio de Ardón, punto redondo.

Sabino Ordás crece contra Carmen Mola
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