domingo 28/2/21
Libros

«Sería torpe revivir peleas de la Transición»

Fernando García de Cortázar lanza ‘Y cuando digo España’ (Arzalia Ediciones). El debate está servido: qué es España. Para este historiador de referencia, la aportación cultural es un pilar. Y él se presta al juego del debate intelectual. Nacido en Bilbao en 1942, con este que sería un regalazo navideño incontestable, corrobora lo sabido: es erudito del pasado y del presente. Y León tiene el peso cultural de siglos en este libro con sus hitos, lugares y nombres.
García de Cortázar en una imagen de archivo junto a la política y también escritora Maite Pagazaurtundúa. FERNANDO ALVARADO

Retratar a Fernando García de Cortázar es hablar de España y su contexto, y un conjunto de ideas que formarán parte del ideario colectivo. Por eso, ver su libro Los mitos de la Historia de España, junto a los de Juan Pablo Fusi, Jordi Solé Turá, Martí Font, Antonio Domínguez, Luis Suárez, Benito Pérez Galdós, Francisco Umbral o Antonio Muñoz Molina, entre otros muchos, lo diferencia y lo vincula. O lo asocia a lo que es casi una tradición y una especialidad arriesgada: cómo definir España y no quedarse en el intento.

Pero él, García de Cortázar, ha venido a hablar de su libro, de uno de sus libros. En este caso: Y cuando digo España (Arzalia Ediciones).

Rápidamente surge la cuestión de cómo saldrá León retratado en este imponente cuadro secuencia del devenir de España. Y también viene al caso la coincidencia de la definición leonesa, para unos injustamente fallida, en el conjunto de España. Pero este libro es un acierto. Y vaya por delante que en un spoiler lector, León aparece de sobra valorado. Por cierto, con muchas más referencias, y más extensas, que otros puntos del país.

Así, Y cuando digo España es una confirmación de la realidad histórica de España, un libro que se torna obligatorio, pero también una reivindicación de la nación en tiempos difíciles. Tal vez, el autor, por supuesto sin adivinar el contexto al instante, puede sentir que hay una oportunidad añadida por el contexto histórico de 2020. «Y cuando digo España es un libro de combate, un cortafuego que protege nuestra patria de los incendios que nacidos de la ignorancia o la maquinación saquean nuestra convivencia. Con él, he querido dar respuesta a las diversas barbaridades contra España que circulan cómodamente cabalgando sobre la degradación cultural de estos últimos años y de la pérdida de sentido crítico de los españoles. Vivimos una época de sospechosas simplificaciones que prenden con facilidad en unos españoles desarmados de instrumentos intelectuales que les defiendan de las manipulaciones de los independentistas y de los populismos que atizan las brasas del odio y del sectarismo con el único propósito de dividir y enfrentar a los españoles para hacerse con el poder. No hay duda de que el separatismo nunca habría alcanzado sus niveles de seducción si España hubiera sido sentida y vivida con mayor intensidad emocional. Y cuando digo España busca recuperar el entusiasmo que una superpotencia cultural como la nuestra suscita y que Jorge Guillén lo manifestó en su verso patria, tan anterior a mí y que yo quiero viva después de mí», explica en principio.

Contribución clave
«Pocos territorios han contribuido tanto a la Historia de España como lo ha hecho León»

Así, de entrada, queda de manifiesto que García de Cortázar da en el clavo del debate actual como hecho incontestable, independientemente de las derivaciones o no que se produzcan. Sobre si hay en España fuerzas cuyo planteamiento, a veces descarado, es egoísta en cuanto a territorios, o de si se tolera, se negocia o tiene que ser así, entra al trapo de lo presente. O de lo mediático, por así decirlo: «Desconozco la idea de España, o si la tienen, de algunos de los principales líderes políticos que aparecen todos los días en los telediarios. No sé qué es para ellos España porque no se pronuncian sobre ello más allá de algunas consideraciones generales sobre la Constitución, el crecimiento económico, las pensiones y la sanidad. O peor aún, para exagerar, de modo artificial y hasta grotesco, las diferencias territoriales, dividiéndonos y enfrentándonos unos con otros. Muy irresponsablemente, hemos abandonado el sentimiento de patria, como si esta fuera una creación del franquismo. Temiendo dramatizar nuestro patriotismo, España dejó de ser una conciencia en tensión, para adquirir la forma de unas instituciones rutinarias. Dejó de ser sentida como nación, para sólo ser considerada como Estado. Y uno de los graves problemas de España es la falta de conciencia nacional, la ausencia de sentimiento de patria», relata.

Directamente, muchas de estas sensaciones o percepciones se extrapolan a León. Y García de Cortázar aquí suma tanto el conocimiento como el vínculo sentimental. De hecho, recordaba en voz alta varias visitas a León, a la Semana Santa, elogiando presencias en directo para ver la procesión de los Pasos en la Plaza Mayor, la aportación cultural de León, sus amigos de aquí...

Emoción por león

«Es muy fácil emocionarse escribiendo sobre León porque pocos territorios como éste han contribuido tanto a la historia de España y a la grandeza de su cultura, desde el mismo arranque de la Edad Media. Y por supuesto sería muy torpe revivir algunas peleas de los comienzos de la Transición, basadas en argumentos historicistas para impugnar la división territorial de las comunidades autónomas y la integración del viejo reino leonés en la nueva región administrativa, la más amplia de Europa, de Castilla y León», advierte en primer lugar. «Me gustaría pensar que la pulsión localista ha perdido intensidad en beneficio de una comunidad más grande, la de la hermosa y áspera España, a la que la ciudad de León ofrece la inigualable belleza de su arte. En contacto con la vieja urbe y sus gentes, mi amor a España se torna más encendido y fresco y mi emoción patriótica se hace incontenible cuando al entrar en la catedral me dejo deslumbrar por su luz y reconocer en ella nuestro mejor gótico. ¡Qué hermosa eres España! me sale del corazón al extasiarme ante nuestro mejor Románico, el de San Isidoro, donde está el Panteón de los Reyes Leoneses con sus prodigiosos frescos. Y en los días que repicaron campanas con motivo de alguna boda me hospedé en el parador, antiguo convento de San Marcos, portentoso ejemplo de arquitectura renacentista. Siempre en León recuerdo los versos de Antonio Gamoneda: Cuida tu corazón , yo te lo aviso, porque el aire peligra de belleza. Mi León sentimental es tan heterogéneo que lo mismo integra mi mejor amigo jesuita y su familia que un policía nacional, antiguo escolta mío en los años de plomo del País Vasco, condecorado con la Cruz al Mérito Policial por haber participado en la detención de un comando de ETA», explica en un largo relato en el que se mezclan todos sus sentimientos.

Portada del libro.

Pero el historiador también mira a la actualidad. Y aquí, su opinión se torna en cierta manera hasta alarmante: «La gravedad de la actual situación reside en el hecho de que todos los partidos están inmersos en una campaña de desprestigio radical del rival. La causa del desprestigio hay que buscarla en la escasa formación intelectual de los políticos que les lleva a cometer errores de bulto en su obsesión por entrometerse en todas las instituciones públicas, no por amor a España sino por el disfrute del puro poder. Porque la radicalidad de las propuestas populistas, del secesionismo y de la extrema izquierda antisistema es eso, intento de dominación, y deseo de reventar la estructura jurídica, los factores de cohesión social y los valores ideológicos sobre los que hemos podido construir el edificio de nuestra democracia», aborda. Pero también añade: «Lo penoso es que en el lugar donde deberían estar los políticos que sostienen la primacía de las ideas, han asomado los caudillos que confunden la racionalidad de la ciudadanía con el éxtasis de la nación, la sobriedad del patriotismo con la embriaguez de la comunidad. Líderes populistas crecidos como riadas, salvapatrias llamados a misiones históricas, ellos son uno de los problemas mayores de nuestro tiempo. Cuando en España a muchos teóricos de la política se les llena la boca hablando de políticos emergentes a mí se me ocurre la frase del gran teórico del socialismo, el admirable Gramsci: ‘El viejo mundo se mueve, el nuevo tarda en llegar y en ese claroscuro surgen los monstruos’. En esta hora grave de España con unos gobernantes que parece no importarles mucho nuestra patria me gusta recordar la frase de Estanislao Figueras, presidente de la Primera República española, en 1873, que pese ser hombre de una educación esmeradísima dijo en catalán: ‘Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!’», relata. Y prosigue: «Basta con leer Y cuando digo España para sacar algunas conclusiones de lo que hicieron los terroristas, cuyos herederos, blanqueados o maquillados por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, se sientan en las Cortes de una España que abiertamente manifiestan querer destruir. Los que sufrimos el acoso de los etarras sabíamos que éstos no sólo aspiraban a matar, y mataron con infernal reincidencia. También pretendían implantar un modo de vida en el que sólo ellos gozarían de su condición de personas libres mientras los demás sufríamos una cruel esclavitud que nos arrebataba aquello de que nos dotamos en el principio de nuestra civilización, la propia e irrevocable dignidad. Tenemos miedo de que aun sin metralletas nos arrebaten la libertad».

El valor cultural

El valor cultural es el otro gran engrase que se convierte en activo en España. Y García de Cortázar lo presenta como factor de formación pero también como potencia de desarrollo. «Escribí el libro con el objeto de que los españoles se dieran cuenta de que España es una superpotencia cultural y activaran su patriotismo. Para fomentarlo traté de emocionar a los españoles con la narración de los pasajes más memorables de su pasado, de las vidas singulares de los verdaderos titanes que nacieron entre nosotros, de los mitos que han pretendido degradar España, de los tesoros naturales y artísticos que guarda, de las creaciones más altas de su espíritu. He querido entregar a mis compatriotas todo un atlas de bellezas de una España integradora, consciente de sus méritos y también de sus errores y me he sublevado contra los sepultureros y charlatanes que pretenden enterrárnosla. En España, aparta de mí este cáliz, el poeta peruano César Vallejo lanzaba una advertencia desgarrada a los hombres y mujeres del futuro, un mensaje que hoy parecen haber olvidado los que quizás nunca lo leyeron: Si la madre/España cae –digo, es un decir-/salid, niños del mundo; id a buscarla!», relata con esas aportaciones de otros intelectuales.

Lengua española

También tiene García de Cortázar otro don de la oportunidad con su Y cuando digo España porque se anticipa y reivindica la lengua española desde todos los puntos de vista: «Europa sería distinta, más pobre culturalmente y también más injusta, sin las grandes aportaciones de España. Piense, por ejemplo, en los traductores de Toledo, en los teólogos de Escuela de Salamanca, creadores del derecho internacional, en los exploradores de los siglos XV y XVI o en las expediciones científicas del XVIII.

Pero si tuviera que destacar una de las muchas deudas que el mundo tiene con España, me quedaría con la gran aportación de nuestra lengua, tan maltratada por nuestros actuales gobernantes. Una lengua de ida y vuelta con América; la lengua de los conquistadores y también de la independencia», afirma.

«Como ya he dicho en otras ocasiones, hemos perdido mucho culturalmente, porque quizá la enseñanza no ha buscado la excelencia, sino la mediocridad. Ciertamente, detecto en España una especie de lucha contra la excelencia. Y luego, claro, está la tiranía del buenismo, de lo políticamente correcto, que tarde o temprano arruina la libertad. Se trata de una corriente que ha pegado fuerte en todos los partidos, empeñados en decirnos cuáles deben ser nuestras ideas o qué lenguaje debemos emplear si no queremos caer en las llamas de la nueva Inquisición. Tenemos que rebelarnos contra estos policías del pensamiento, cargados de un equipaje de conocimientos que nos defiendan de las aviesas y falaces interpretaciones de la historia que difunden los políticos. A la vista de nuestro pasado cultural contemplamos desolados la insignificancia de España en el mundo y lo poco que se hace para remediarla», señala acerca de España en el contexto mundial actual. Muestra así García de Cortázar una panorámica general que lo corrobora como estudioso pero también observador comprometido con la idea de una España actual y su futuro.


Fernando García de Cortázar es catedrático de Historia Contemporánea en Deusto. DL

«Sería torpe revivir peleas de la Transición»
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