lunes. 15.08.2022

Los Sorollas del valle de Laciana

El genio valenciano de la luz, cuyo nacimiento se conmemora este año, inmortalizó a los empresarios y filántropos leoneses Tomás Rodríguez y Gabriel Gancedo.
Retrato de Gabriel Gancedo Rodríguez, que en la actualidad está en un domicilio particular de Madrid

Hubo un tiempo en el que León estuvo a punto de encontrar un lugar bajo el sol de España. Fue a principios del siglo pasado y lo hizo gracias a los afanes de una serie de ilustres que demostraron que el liberalismo puede conducir al bien común, que hay cauces a través de los cuales redistribuir la riqueza.

En el año en el que se conmemoran los 150 años del nacimiento de Sorolla, cabe recordar que dos de esos leoneses fueron retratados por el artista valenciano. Se trata de los empresarios Gabriel Gancedo y Tomás Rodríguez. Al primero le retrató en 1918, al segundo, cuatro años antes. Víctor del Reguero realizó una investigación en el 2011 acerca de los dos emprendedores de Laciana. Fruto de esa búsqueda fue su libro Madrid, aquel comercio, editado por Ediciones La Librería.

No fue la única huella que Joaquín Sorolla y Bastida dejó en la provincia. De hecho, la había visitado en 1903, año en el que se produjo la reconsagración de la Pulchra tras una larga restauración. Fue entonces cuando recreó parte de la portada de la Virgen del Dado de la Catedral de León y se sumergió en una escena popular en la plaza de Astorga, y puede decirse que fue en estos años cuando el artista comenzó a interesarse por los paisajes del interior de España.

Pero ¿quiénes fueron estos prohombres inmortalizados por Sorolla?

Tomás Rodríguez fue uno de los once hijos de José Rodríguez de Lama, ‘El Burgalés’. Como el resto de sus hermanos varones, emigró a Madrid cuando aún no había cumplido los 15 años. Permaneció dos años en una tienda de corsés de la calle Hortaleza, antes de incorporarse al negocio familiar. Luego, al retirarse su hermano mayor y fundador de los negocios, quedó como cabeza de los negocios familiares agrupados en la firma Rodríguez Hermanos, de tapicerías y curtidos. En la última etapa de su vida una notable actividad política, siendo diputado a Cortes por Murias de Paredes. En su biografía oficial se dice que aceptó el cargo «con notoria repugnancia», aunque es axiomático que lidió animosamente por él. Rodríguez disputó en 1916 por primera vez el escaño, que había dejado tras décadas en él Eduardo Dato, aunque perdió las elecciones, que ganó Octavio Álvarez Carballo.

Cartas de la época relatan las vicisitudes de un tiempo de una intestina rivalidad política y, al hablar de la Colonia de Murias, dicen que fue creada por Tomás Rodríguez «abriendo la cartera». En 1918 se celebraron nuevamente elecciones y los dos candidatos, Rodríguez y Carballo, hicieron público un manifiesto conjunto en el que hacían patente la decisión del primero de concurrir y del segundo de retirarse. Nada extraño para la época, tan propia al turnismo. Tomás Rodríguez fue proclamado candidato, pero en las siguientes elecciones incumplió su palabra y se presentó de nuevo, lo que acarreó una tromba de comunicados y publicaciones en la prensa de la época criticándole y desmontando su candidatura.

Vinculado a la ILE

Estuvo, como el resto de su familia, muy vinculado a la Institución Libre de Enseñanza, de la que fue protector y mecenas. Adquirió en 1894 la Casona de San Miguel de Laciana, propiedad dieciochesca de más belleza del valle. Fue el último de los once hijos de El Burgalés que revolucionaron el comercio madrileño de la segunda mitad del XIX y el primer tercio del XX.

Por su parte, Gabriel Gancedo era sobrino del anterior. Emigró como sus hermanos y el resto de su familia a Madrid, donde fue recibido por sus tíos trabajando en un principio en uno de sus almacenes de curtidos en la calle Capellanes. Se formó en el Centro de Instrucción Comercial y más tarde en París durante un año, aprendiendo francés y trabajando en el sector de la trencillería. A su regreso, amplió el negocio de curtidos con nuevos establecimientos y productos hasta entonces no conocidos en España (como artículos de viaje), y diversificó los intereses de la familia a otros sectores construyendo en 1904 una fábrica de harinas (La Aurora) en Navalcarnero.

Aprovechando la coyuntura de la Guerra Mundial y la gran demanda de curtidos por los países aliados, se crearon los Almacenes Rodríguez (1921, primeros grandes almacenes de la capital) y el Hotel Gran Vía (1925), en los que Gabriel Gancedo tuvo papel destacado. En 1929 también se inauguró el Hotel Cristina en Sevilla, coincidiendo con la Exposición Iberoamericana.

Fue uno de los firmantes en 1913 del manifiesto de la Liga de Educación Política Española. La última etapa de su vida la dedicó al Banco Popular de los Previsores del Porvenir (actual Banco Popular), constituido en 1926 y que terminó presidiendo en 1931 tras serias diferencias con el anterior presidente. Falleció en 1933, de un infarto, mientras presidía una reunión del Círculo de la Unión Mercantil. Fue distinguido como caballero de la Legión de Honor de Francia.

Los Sorollas del valle de Laciana
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