viernes 4/12/20

Toño Benavides funde en negro el espíritu kafkiano

El ilustrador leonés traza la relación de Karl Romann y el Fogonero.

Lo ilustra el leonés Toño Benavides y está editado por Cálamo. Se trata de la joya literaria ideada por Franz Kafka El fogonero, que apareció como libro independiente en mayo de 1913, y terminó por ser el primer capítulo de América, inacabada y póstuma novela del ator checo.

«Para mí fue un encargo directo de José Ángel Zapatero, de Editorial Cálamo. Había visto trabajos míos con Rey Lear y Reino de Cordelia y pensaba que ese estilo encajaba perfectamente con Kafka», subraya el ilustrador, que asegura haber disfrutado de manera especial con este libro. «Hubiera deseado no terminar ahí y seguir con la novela entera. Quizá sea posible en el futuro», reflexiona.

Toño Benavides sostiene que en El Fogonero Kafka describe una situación aparentemente anecdótica e inocua, y lo hace «con la deliberada y fría distancia notarial de la simple mención de los hechos». Sin embargo, y como recuerda el ilustrador, todo transcurre dentro de su característica atmósfera opresiva, «con esa fatalidad insalvable a la que están sometidos sus personajes, que nos deja un extraño poso emocional de impotencia».

Recorre visualmente Benavides algunas de las novelas del autor y se posa en La Metamorfosis. «Uno siempre piensa en ese insecto enormecomo en una imagen propicia para el lucimiento del ilustrador, sin embargo Kafka es mucho más sutil, y yo prefiero ilustrar emociones. Me parece un reto más estimulante», precisa.

Más allá de los avatares de gestación y difusión, frecuentes en casi toda la obra kafkiana, esta sencilla historia sobresale por el entrañable dibujo del joven protagonista, Karl Romann, que llega en barco a Nueva York forzado por sus padres a emigrar en busca de fortuna y evitar el escándalo tras dejar embarazada a una sirvienta.

Cálamo recupera El fogonero en el centenario de su publicación, ilustrado ahora por Toño Benavides en una feliz afinidad de espíritu, similar a la que unió a aquel muchacho idealista y al fogonero del transatlántico que cambió su vida: «Quién sabe si no debería yo quedarme cerca de este hombre ¿dónde hallaría yo en estos momentos un amigo mejor?»...

Toño Benavides funde en negro el espíritu kafkiano
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