miércoles. 17.08.2022
Juan Antonio Velasco con uno de los últimos carteles que pintó.

León llora a Velasco. Pero no ahora, ni esta semana, y no sólo sus familiares o amigos, no. Todo León llora a Velasco desde que el Emperador cerró sus puertas y los luminosos carteles de su marquesina desaparecieron y se oscureció desde entonces, y para siempre, la calle Independencia. Es posible que muchos leoneses o visitantes de nuestra ciudad no conocieran la imponente figura de Velasco, pero todos conocían el Emperador y todos levantaban su cabeza cada nuevo estreno para admirar la obra de arte que nos regalaba Velasco esa semana.

Cincuenta años dedicados al Emperador y al muralismo es toda una vida dedicada al cine con un discreto silencio humilde. Desde las catacumbas del Emperador, donde Velasco se sumergía como el Fantasma de la Ópera para pintar, imaginar y dialogar con las estrellas del cine, el artista unió su nombre para siempre al recinto más elegante de León. Y es que, hoy en día y por desgracia, la simbiosis ha demostrado ser total. Murió el Emperador, murió el muralismo y el cartelismo leonés e, irremediablemente, se nos ha ido Velasco, el Emperador Velasco. Quienes conocimos a Juan Antonio Velasco, tuvimos la suerte de disfrutar y agradecer no sólo su arte, sino también su memoria y pasión cinéfila, que nació con Morena Clara y, a través de un lienzo blanco, le llevó a descubrir a Chaplin, Disney, Marilyn, Gene Kelly o Gloria Swanson. En fin, Velasco, nos has dejado un poco más solos pero, quién te lo iba a decir, mira lo que te han traído los Reyes en noviembre: ya puedes pintar a Imperio Argentina al natural y cantar con ella: «El día que nací yo...» Ah, y no se te olvide decirle al tío Walt lo que tú y yo sabemos: que Fantasía sigue siendo la más grande.

Velasco y el Emperador
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