sábado 22/1/22

Zapico: francotirador ético

El creador leonés, antes músico o poeta, centra ahora su actividad en torno a la fotografía Expone en La Coruña y prepara su desembarco en un festival en Francia
                      Felipe Zapico, en una imagen de archivo, siempre ha desarrollado su vertiente artística. DL
Felipe Zapico, en una imagen de archivo, siempre ha desarrollado su vertiente artística. JULIA GONZÁLEZ LIÉBANA

Casi acuñan desde El Atelier de Fotografía de la Ciudad Vieja de La Coruña el ‘jaleo’ como definición artística de Felipe Zapico Alonso y podría ser un lugar común en su creación si se observa su trayectoria incluso desde los inolvidables Deicidas. Porque Zapico antes que todo fue el cantante del primer grupo que popularizó el punk en León. Y en cuanto a estilos sobre los que ha volcado su arte siempre hay algo de punk y algo de jaleo. Y así maneja la rebeldía incansable de encontrar una causa a cada paso que da. Por eso, si ahora expone, muestra que se prorroga hasta la semana que viene en la capital coruñesa, aunque sea fotografía, su discurso no será amable sino simbólicamente reivindicativo.

En Galicia está ahora así su obra, que es un relato enumerado: sus series de Visiones: florEs, H2Olas, Deprisa deprisa, fumata, perpetuummobile, Ohcielos y bichos, además de Grajos y exposiciónclandestina. Y hay entonces que pedir permiso a las mayúsculas para colocarlas en sitios insospechados de la palabra, lo que remite a su vertiente poeta siempre atenta a lo visual.

«Este ejercicio fotográfico masivo y provocador», dicen los galeristas. Que podría ser un lugar de buen término, pero en el caso de Felipe Zapico se rompe el esquema porque ahí no se detendría. Como tampoco lo hace ahora en esta época prolífica que le llevará a Francia en marzo para participar en un festival fotográfico para el que ha sido seleccionado.

«Todo de lo de Zapico es un jaleo, pues su poesía jalea a los asistentes de la ferrolana Semana da Poesía Salvaxe desde hace varias convocatorias. Y jaleo, que no ruido. Tampoco hay muro que se le resista, en el stencil tipográfico, la exposición clandestina o el cartel apócrifo. Él mismo es un pedazo de historia del rock insurgente y rugidor de este país tan extraño a arrebatos contra-culturales, salvo cuando se trata de evocar viejas postales de tiempos pasados en los que los que ahora están firmes eran jóvenes que veían en el desacato un bonito tocado para sus cabelleras más o menos hirsutas», se dice en una definición que tiene tanto interés promocional como ejundia interna.

Fotográficamente, Felipe Zapico no practica el santo sacramento de moda de la narratividad fotográfica. ¿Narratividad? ¿De qué? ¿De cuál cuento? Eso se pregunta la propia galería, por lo que puede asegurarse que están en el buen camino de entender al francotirador ético.

Zapico: francotirador ético
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