viernes 3/12/21
El Abanca Ademar selló con una notable solvencia su compromiso frente al Villa de Aranda al que desgastó en la primera mitad y diluyó en la segunda. FERNANDO OTERO

Defensa e intensidad. Con esos argumentos el Abanca Ademar solventó su compromiso frente al Villa de Aranda (33-25) que vivió en el Palacio de Deportes dos escenarios, el de una primera parte en la que a los locales se mostraron más que correctos en defensa aunque algo erráticos e imprecisos en ataque y una segunda en la que esta vez su labor de contención y su elevado ritmo acabó por asfixiar a su oponente hasta el puntos de convertir un monólogo buena parte de este periodo.

En su segundo envite como local el Abanca Ademar salía a la pista dispuesto a imponer sus galones. Parecía que iba a ser así con un Semedo que en sus tres aproximaciones a la portería rival hacía diana. Eso sí, la respuesta del Villa de Aranda posibilitaba que la renta no pasara del gol. Eso hasta que un parcial de 1-3 para los visitantes les otorgaba el liderazgo en el electrónico con el 4-6. Cadenas no dudó en pedir tiempo muerto. Había que ser más consistentes atrás y reducir los errores ofensivos.

Con esa consigna el Abanca Ademar intentaba reaccionar pero los visitantes, correosos e intensos en su juego, aguantaban el tirón. Incluso manteniendo su ventaja, exigua pero ventaja. Sin la aportación de Semedo y sus goles el rendimiento ante la portería rival había bajado. Hasta que apareció Gonzalo Pérez en tres jugadas consecutivas para empatar un 4-7 que se estaba poniendo amenazante. Feutchmann por partida doble y Jaime Fernández posibilitaron que a falta de siete minutos para llegar al intermedio el panorama empezara a aclararse para los ademaristas. Del 8-8 se pasaba al 10-8. Aunque el Villa de Aranda se resistía a tirar la toalla impidiendo que la locomotora leonesa empezara a carburar a pleno rendimiento. El 14-13 dejaba abierta la segunda parte. O eso parecía. Siempre y cuando los dos equipos mantuvieran su dinámica.

Pero el paso por vestuarios iba a mostrar otro panorama radicalmente opuesto. El Abanca Ademar, más consistente en defensa y con un porcentaje mejorado ante la portería de De Vega empezaba a hacer estragos. El juego era más reconocible y ahí empezaron a fraguarse rentas más solventes. La eficacia visitante ya no era la misma y sus errores en el pase eran aprovechados por los de Cadenas para hacerse fuertes en el partido.

En un visto y no visto Marchán y Feutchmann ponían en 16-13 el marcador. El Villa de Aranda intentó reaccionar pero su frescura en el juego parecía marchitarse. Prueba de ello es que su desventaja iba en aumento. Salvo el 19-18 en el resto de la segunda parte las idas y venidas a cada una de las porterías iban agrandando la brecha entre un equipo como el leonés que aspira a ser protagonista en la parte alta de la clasificación y otro, el burgalés, cuya lucha tiene que ir destinada a asegurarse la permanencia.

Todo eso quedó patente en los 20 últimos minutos en los que el Abanca Ademar empezó a carburar como una máquina. Bien es cierto que aún necesita más jornadas para llegar al nivel y prestaciones que busca el técnico de Valdevimbre. Pero también que cuando es capaz de sacar su mejor partido el plantel leonés puede ser un rodillo. Natán Suárez, Semedo, Lucin, Gonzalo Pérez, Marchán y Jaime Fernández martilleaban una y otra vez la portería arandina. Incluso hubo tiempo para que el cancerbero tunecino Khalifa Ghedbane disfrutaba de sus primeros minutos en el tramo final del encuentro. Una fase del partido en el que los leoneses ser acercaron a la decena de goles de renta y que acabó por sellar el triunfo leonés en el 33-25.

El Ademar es un muro en el Palacio
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