jueves. 30.06.2022
Balonmano | Copa del Rey

20 años del Ademar que reinó en la Copa

Una temporada después de levantar la Liga, el conjunto leonés siguió agrandando su leyenda con la consecución de su primer título copero ante Ciudad Real (31-28). 
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Kristian Kjelling se había convertido en el mejor regalo del recién nacido 2002 para el Ademar. Las bajas de Kamprau y de Lvov, que pese a su cartel de lujo no terminó de cuajar en los planes de Manolo Cadenas, obligaron al conjunto leonés —vigente campeón de Liga— a agitar la varita y Noruega se tornó en el maná necesario que condujo a otra gesta sin precedentes. Los tiempos de gloria parecían entonces no tener fin y aquella Copa del Rey, la primera y única, supuso otro hito en la historia de un club que hoy, 19 de mayo de 2022 —20 años después— echa la vista a atrás con nostalgia porque en su caso sí, cualquier tiempo pasado parece ahora mejor.

El Ademar había subido al cielo con el reciente título liguero y no quería volar más bajo. No todavía. Pero mantenerse iba a requerir de un ejercicio de superación importante y el camino se abriría a través de la Copa del Rey. Torrevieja, con un pabellón recién inaugurado, albergó un campeonato cuyos finalistas —Ciudad Real y los escuderos de Cadenas— ofrecieron un espectáculo de los dignos de contemplar. Así de principio a fin. Antes, en cuartos el cuadro ademarista había vencido a Bidasoa (24-19) gracias, en gran medida, a la inmensa actuación de Kasper bajo palos. Luego, en semifinales, la leyenda ‘Juanín García’ terminó de estamparse en los libros cuando frente al Altea —en un partido marcado por las exclusiones y expulsiones— evitó que el rival resucitase al tiempo que convirtió once goles. 29-26 y el Ademar se metía de lleno en la lucha por un nuevo título.

Cadenas, que había sido expulsado en semifinales, dejó el testigo en el banquillo a Isidoro Martínez, fiel escudero y hombre de total confianza del de Valdevimbre.

Doble premio

Kjelling había causado furor desde el mismo día de su llegada a León. Era la estrella absoluta e inesperada de un equipo venido a menos, pero igualmente competitivo. Y el internacional no iba a defraudar. Anotó trece goles, se llevó el trofeo a mejor jugador y de paso levantó una Copa del Rey (31-28) celebrada con locura dentro y fuera del vestuario.

La emoción fue una constante desde que sonara el pitido final. Ciudad Real se adelantó primero, pero no dio dos veces. El resto de parciales fueron favorables a los leoneses que, ante unos 2.000 espectadores en las gradas, corearon al unísono el ¡Campeones, campeones, oé, oé, oé...! engordando las vitrinas del club.

Y después —ya en el viejo Reino— baño de masas, de champagne, de abrazos, de felicitaciones... desde Santo Domingo a San Marcelo, como titularía su crónica de ambiente Miguel Ángel Zamora para el decano de la prensa leonesa. Más de 3.000 ciudadanos se lanzaron a las calles. Todos se sentían miembros de un equipo que no conocía límites en una ciudad casi siempre gris que al fin gozaba de los éxitos deportivos propios más que de los ajenos.

«Hay que ir a por otra Liga», declararon a este periódico Cadenas e Isidoro días después... Un deseo que nunca se cumplió y hoy, dos décadas y unos cuantos episodios después, parece una quimera. Aquel Ademar, eso sí, enseñó unas cuantas lecciones que aún perduran en el ambiente. Nunca un sueño fue tan real.

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