jueves 19/5/22
                      Los jugadores del Atlético de Madrid, desolados tras su eliminación de la Liga de Campeones a manos del City. JUANJO MARTÍN
Los jugadores del Atlético de Madrid, desolados tras su eliminación de la Liga de Campeones a manos del City. JUANJO MARTÍN

Estuvo cerca, muy cerca (0-0), pero el Atlético se quedó con la miel en los labios. Consiguió reducir al temible Manchester City, tan dominante en Inglaterra, a una versión muy pobre, incluso rácana, pero le faltó pólvora para encontrar el gol que necesitaba y que mereció en una segunda parte de pleno dominio colchonero. Mereció más el conjunto de Simeone, mejorado respecto a lo del Etihad. Fue fiel a sus señas de identidad y aunque le faltó un punto de atrevimiento en la primera parte, tras el descanso ganó metros y asustó a los pupilos de Guardiola, salvados por la campana y recurriendo a esas artes del otro fútbol a priori tan alejadas del libreto del técnico catalán.

La agresiva presión alta del Atlético en los primeros minutos mostró de partida la intención colchonera de ganar metros en campo contrario respecto al partido en Mánchester. Mientras el City insistía en el intento de defender su ventaja a través de la posesión, el equipo de Simeone le dificultaba la circulación mordiendo. Lodi fue el elemento indescifrable para el entramado defensivo inglés en el comienzo, con sus clásicas incorporaciones al ataque, pero el primer ensayo de ocasión se lo atribuyó Gundogan, con un disparo desviado.

El Atlético retenía sin sustos el potencial ‘citizen’, hasta que un pase de Mahrez hacia Walker encontró la grieta rojiblanca para que el lateral inglés pusiese el balón al corazón del área, donde Gundogan la envió al palo con todo a favor antes de encontrarse con el voluminoso Felipe en un segundo intento de testa. Capeó como pudo el temporal el conjunto madrileño, antes de estirarse con un remate de Kondogbia, en el primer y único disparo entre los tres palos de otra primera parte de mucho tanteo. La eliminatoria seguía en el alambre, eso sí, pero con la sensación de que si cada centímetro sobre el verde era un triunfo, el gol que igualase la contienda habría que pelearlo con sangre, sudor y lágrimas.

Necesitaba el Atlético unos minutos de arreón y pareció regresar al césped dispuesto a ello. El sacrificado Griezmann corrió al espacio y se fabricó con velocidad un remate ligeramente desviado por Laporte, que aguantó bien ante el atacante francés. Invitó a la esperanza el paso adelante colchonero tras la reanudación y la caldera del Metropolitano subió aún más la presión ambiental cuando un chut de Lemar desde la frontal se encontró con Rodri en su camino hacia la portería defendida por Ederson.

Torcía el gesto Guardiola en la banda, con un City gris, desnaturalizado, dominado y amenazado seriamente por una volea de Griezmann que se perdió lamiendo el poste del arco inglés. Simeone miró hacia el banquillo y tiró de Carrasco, Correa y De Paul para lanzarse ya a tumba abierta a por el gol. El tercero lo tuvo cerca a la primera, pero erró en el disparo alto tras servicio del incombustible Llorente. También estuvo cerca el centrocampista argentino en una volea desviada y su compatriota Correa se precipitó con el City ya totalmente encerrado en sus dominios. Hasta el último momento amenazó un Atlético loable, en un final marcado por la expulsión de Felipe, que perdió los nervios de forma inexplicable.

Al Atlético le falló la pólvora
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