lunes. 28.11.2022
Lewandowski no pudo anotar en esta ocasión y el Barcelona lo notó en el resultado final. BAZZI
Lewandowski no pudo anotar en esta ocasión y el Barcelona lo notó en el resultado final. BAZZI

El Barça se complicó la vida en la Liga de Campeones. El conjunto que dirige Xavi Hernández cayó en Italia frente al Inter (1-0) en un partido en el que pecó de falta de profundidad y en el que un solitario tanto de Çalhanoglu fue suficiente para dejar a los culés contra las cuerdas.

Los azulgrana solo han sumado tres puntos en las tres primeras jornadas y están obligados a ganar, como mínimo, dos de los siguientes tres encuentros si quieren estar en los octavos de final de la máxima competición continental.

Era una final y como tal salió a disputarla el Barcelona. Xavi puso sobre el césped de San Siro, así se llama en las noches europeas, a un equipo plenamente reconocible con Sergi Roberto y Marcos Alonso en los laterales y con toda la artillería en la punta de lanza. El objetivo no era otro que amilanar, nunca mejor dicho, a un Inter con muchas dudas tras su irregular paso en la Serie A. El plan funcionó, o eso creían los culés, y nada más empezar estaban todas las cartas sobre el tapete. Ellos tendrían la pelota y los ‘neroazurros’ esperarían agazapados el momento de salir al contragolpe.

El dominio culé gracias a la posesión pronto se iba a demostrar estéril. El Inter tendió una trampa, instaló a lanzadores en la medular como Barella, Çalhanoglu o Mkhitaryan y a velocistas en la línea de ataque con el objetivo de condenar cada pérdida de balón de los azulgranas. Y así fue, los de Inzaghi se sintieron cómodos en ese escenario y cada transición era una auténtica odisea para un Barça que no contaba con la rebelión local. Eric García cometió un penalti claro por mano que el VAR anuló por fuera de juego y Xavi comenzó a negar con la cabeza ante la incapacidad de su equipo para reaccionar. Para entonces Çalhanoglu ya ajustaba la mira de su revólver. El turco avisó con un misil que despejó Ter Stegen y a la segunda se sacó de encima un derechazo pegado a la cepa del poste que desniveló el marcador e hizo saltar todas las alarmas antes del paso por vestuarios.

Tras la reanudación, la historia se repitió. El Barcelona seguía sin acelerar la circulación de balón y el Inter, con ventaja, acentuó todavía más su discurso. Dembélé la tuvo en un zurdazo que repelió el poste y Xavi pasó entonces a mover fichas. El técnico de Tarrasa dio entrada a Piqué, que entró por el lesionado Christensen, Ansu Fati y Balde. Los cambios le sentaron bien a los culés, que incluso llegaron a empatar el choque en un balón suelto que cazó Pedri en el área, pero el VAR, ese instrumento diabólico que salvó a los azulgranas en la primera mitad, detectó una mano de Ansu Fati previa al gol.

Fue la gran oportunidad de un Barça que no supo gestionar los tiempos en la recta final. El Inter repobló aún más la medular, generó un tapón que obligó a los culés a mandar el balón a los costados y una vez ahí los centros laterales fueron auténticos regalos para los Skriniar, Bastoni, De Vrij y compañía.

Los de Xavi se volcaron y pudieron cambiar el choque hasta en dos ocasiones. Busquets remató desviado y Slavko Vincic no vio penalti en una mano de Dumfries que silenció San Siro. El árbitro eslovaco no consideró que existiese pena máxima y ahí murieron las últimas opciones de unos culés que vuelven a estar contra las cuerdas en Champions.

El Barcelona se complica la vida
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