jueves 15/4/21

El Barcelona no mejora su juego pero sí el carácter perdido

Los de Koeman celebran la remontada frente al Granada. P. TORRES

El Barça sigue sin ser fiable. En unas semifinales de Copa en la que estará un equipo con menos altibajos como el Sevilla, cuesta calificar al Barça como favorito, pero el equipo de Ronald Koeman como poco se ha ganado la admiración de sus aficionados porque de su rebeldía y carácter no hay ninguna duda tras disputar cuatro prórrogas en menos de un mes. Las dos de la Supercopa de España ante la Real Sociedad, en semifinales, y el Athletic, en la final, no le valieron para ganar el título, mientras que las dos de Copa del Rey contra el Cornellà, en dieciseisavos de final, y el Granada, en cuartos, le dejan a tres partidos de un trofeo muy valorado por el técnico holandés, que ve la Liga muy lejana y la Liga de Campeones muy complicada.

Viniendo de la dramática temporada 2019-20, tras el burofax de Leo Messi, la dimisión de Josep Maria Bartomeu, la falta de presidente hasta que haya elecciones de una vez, los pinchazos ridículos en Liga que permitieron alejarse al Atlético, el 1-3 ante el Real Madrid, el 0-3 frente a la Juventus, esa final de la Supercopa en La Cartuja que no se supo rematar cuando la línea ya era buena... Después de todo eso y de que el Granada se colocara 2-0 tras dos errores defensivos infantiles de Umtiti, solidario con otros compañeros que ya regalaron goles antes, ya no habría extrañado a nadie que el Barça bajara los brazos en los últimos minutos en el Nuevo Los Cármenes.

Pero la remodelación de la plantilla, con la llegada o el ascenso de jóvenes jugadores menos saciados de títulos, ya se nota y contagia incluso a Messi, quien no sería la primera vez que en el minuto 85 de un partido en el que no sale nada deambula aturdido por el césped, como autoinculpándose de no haber podido arreglarlo siendo el mejor. Sin embargo, el argentino también tiene muchas cosas que transmitir a unos compañeros a los que se ve más unido que nunca, quién sabe si a modo de despedida en la que puede ser su última temporada en el club. Y Messi persistió con disparos y pases imposibles hasta que encontró a Antoine Griezmann y a Jordi Alba como aliados para llevar el partido a la prórroga de forma milagrosa. Y en esa prolongación, pese a la resistencia del Granada, el 3-5 hizo justicia.

No marcó Messi, pero participó en todos los goles y disfrutó dejando el papel de héroes a otros más necesitados de esa consideración como Griezmann (dos goles y dos asistencias) o Jordi Alba (dos goles y una asistencia).

El Barcelona no mejora su juego pero sí el carácter perdido
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