sábado. 13.08.2022
Baloncesto

Una década de la muerte de Baloncesto León

El 5 de julio de 2012 es una de las fechas negras que engrosan la larga lista de berrinches que acostumbra a llevarse el deporte leonés. Fue el día en que un histórico con 31 años de existencia a sus espaldas —y unos cuantos episodios después— firmaba su acta de defunción lastrado por una deuda económica «insalvable»   
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La afición leonesa salió a las calles para pedir a las instituciones que salvaran a Baloncesto León. NORBERTO

El 5 de julio de 2012 quedó para siempre —y por tristeza para mal— grabado a fuego en la memoria colectiva de tantos y tantos leoneses que durante años presumieron con orgullo de saberse entre los gallitos de la ACB. Una fecha funesta que, de golpe y plumazo, enterró 31 años de historia. Sí, la agonía —cual metástasis silenciosa— se venía extendiendo desde muchos meses antes, pero aquel inicio de julio del que ahora se cumple una década certificó la ‘muerte’ de Baloncesto León, al que los más entrados en edad siempre llamarán Elosúa. «Es triste comprobar cómo un proyecto en el que has dejado parte de tu vida se desmorona», señalaba Joaquín Rodríguez, último presidente del club y testigo de la reunión en el Ayuntamiento de la capital en el que el consejo de administración certificó los pasos a seguir para liquidar la sociedad anónima deportiva. 

«Ha sido imposible hacer otra cosa. Nadie quería este fin aunque puedo decir orgulloso que he sido partícipe de un proyecto ilusionante. También he tenido la suerte de vivir dos ascensos. Ahora espero que León no se quede sin baloncesto», deseó el máximo representante del club en aquella época. Un deseo que se cumplió a medias. 
¿Que cuál fue la causa de la desaparición? Pues como en la mayoría de casos... el dinero. En concreto un millón de euros impagado. Esa carga deudora y la imposibilidad patrimonial de poder enjugarla escenificó el triste final. «El club no tiene capacidad para poder llegar a un convenio con lo acreedores y nos aboca a una posible liquidación», precisaba aquel 5 de julio el director financiero, José Antonio Domínguez. 

En esa deuda, el millón de euros de crédito impagado que se solicitó en su día a Caja España —y avalado por Agelco— se convertía en el detonante de una cuesta abajo que desembocaría en una decisión tan dolorosa como inevitable. «Sin ese millón, la deuda de este club se rebajaría a poco más de un millón que a buen seguro no nos hubiera llevado a esta situación», remarcaba José María López Benito, concejal de Deportes e integrante del Consejo de Baloncesto León. El conjunto leonés venía dando síntomas de agotamiento. Todos lo sabían, aunque pocos se atrevieron a decirlo en alto. Quienes lo amaban de verdad —sus aficionados— se lanzaron a las calles de la capital a mediados de junio en un intento desesperado por pedir a las instituciones un salvavidas. ‘SOS Baloncesto León’ rezaba la pancarta que aquel 15 de junio de 2012 encabezó la manifestación. Botines, Ordoño, Gran Vía o San Marcelo fueron testigos mudos de la marea roja. «Hoy es Baloncesto León pero mañana puede ser otro equipo el que necesite ayuda», insistieron los impulsores de la marcha por la continuidad de Baloncesto León.

Historias imborrables
«Queremos salvar a este club porque no entendemos a León sin baloncesto. Los años de Elosúa, los 50 autobuses de aficionados que respaldaron el primer ascenso en Lugo, las canastas de Hollis y Xavi, el segundo ascenso, las grandezas en Korac... son historia que no se puede borrar de un plumazo». Precisamente peñas como El Tambor y Marea Roja, a través de sus responsables, se pronunciaban favorables a esta iniciativa anunciando también su presencia. Héctor de la Prada, junto a Pablo Otero y Jonatan Rodríguez, uno de sus promotores, aseguraba que la idea era «hacer ver a los propietarios del club —Ayuntamiento y Agelco— que la desaparición del club no es la mejor solución», recogía Miguel Ángel Tranca para este periódico días antes de la manifestación. León, como en otras tantas ocasiones, rugió bien alto sin que sirviese de mucho.

Uno de los cofundadores de Baloncesto León, Pepe Estrada, decía aquel 5 de julio de 2012 que ahora «toca mirar hacia adelante y sacar una lección para evitar cometer los mismos errores». Y no lo decía en balde. De hecho, justo diez años después, vuelve a ser uno de los principales impulsores de ese espíritu del Baloncesto León que nunca ha terminado de marcharse del todo. «Como reflexión cabe decir que esta situación no la han creado las personas de baloncesto sino otros», espetó como siempre sin pelos en la lengua. 

Desde sus fundadores Enrique Emperador, Juan Carlos Rodríguez, Lisardo Mourelo, Alberto Sobrín, el propio Estrada y José Antonio Moirón, a lo largo de los algo más de 31 años de vida Baloncesto León saboreó momentos mágicos como su ascenso en 1990 a la ACB con Gustavo Aranzana —también en la última de hace 15 años— Xavi Fernández, Rhone, Herreras y De la Fuente como sus protagonistas, o su transitar de una década por la máxima categoría logrando debutar en Europa. Gestas y más gestas en 31 capítulos intensos en los que también contaron con notable presencia el canadiense Kazanowski, dos campeones como Reginald Johnson y Cornie Thompson; Ben Coleman, Tyron Houston o más recientemente el Tuky Bulfoni... Y así un largo etcétera. Pero por encima de todos, el club y una filosofía clara; combatir en la cancha de principio a fin conociendo sus limitaciones sí, pero sin renunciar nunca a nada. Baloncesto León dijo adiós hace una década... Puede que esta vez hayan aprendido de sus errores. 

Una década de la muerte de Baloncesto León
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