martes 22.10.2019

Doce reyes y un éxito de leyenda

Trece años después de que la mejor generación española de la historia alcanzase la gloria en el Mundial de Japón, la selección más terrenal, de menor nivel e inferior a aquella en talento, pero con el mismo e incluso mayor orgullo, espíritu competitivo y sacrificio, volvió a tocar el cielo al convertirse en reina universal tras imponerse por 95-75 a Argentina.
Rudy Fernández sostiene la copa de campeones del mundo junto al resto de compañeros y cuerpo técnico, entre ellos el berciano Manolo Aller (primero a la derecha). HIDALGO
Rudy Fernández sostiene la copa de campeones del mundo junto al resto de compañeros y cuerpo técnico, entre ellos el berciano Manolo Aller (primero a la derecha). HIDALGO

En esta ocasión en Pekín, donde los de Scariolo, gracias a otra exhibición defensiva y a su juego coral, culminaron una obra de oro que parecía imposible no sólo antes de llegar a China, sino también durante un campeonato en el que la selección, con un carácter y un corazón inmensos, se ha rebelado contra todo, para lograr una auténtica hazaña.

Una gesta, de las más sorprendentes y memorables del deporte español de todos los tiempos, que entra por derecho propio en la leyenda, con una España que forma ya parte de la eternidad cuando nunca estuvo llamada a un hito de tales dimensiones. Del título mundial más esperado en 2006 se ha pasado al más inesperado en 2019, sobreponiéndose España a todas las adversidades, entre ellas, la ausencia de Pau Gasol en un campeonato coronado como un auténtico equipo.

Acostumbrado a la solidaridad, al esfuerzo y al sufrimiento, con una sobresaliente capacidad de aguante y grandeza mental en el último cuarto después de llegar a ganar por 22 puntos (33-55) y de que Argentina reaccionase para reducir diferencias y poner a prueba a la campeona, que ha ido, como le gusta, para sacar a relucir genes y acallar a los pesimistas, de menos a más camino del olimpo. Ante otro grupo similar en valores que nunca quiere rendirse y que tampoco conocía la derrota, la selección, encumbrada de nuevo en ataque por Ricky Rubio, Marc Gasol y Llull, dio otra lección de trabajo colectivo, coraje y ambición. España en una final que fue otra demostración de grandeza. Scariolo había reclamado competir en la lucha por el oro mundialista y sus jugadores le devolvieron la exigencia con creces.

Ricky, que por si había alguna duda se ha erigido en un base genial, en uno de los dos líderes, junto a Marc, de esta España tan mermada, volvió a destilar personalidad y fue el máximo anotador de la final, y a sus dos decenas de puntos, aparte de ritmo y cabeza, añadió tres asistencias y siete rebotes. En el caso del mediano de los Gasol, acabó con 14 puntos, siete capturas y cinco asistencias, para 22 de valoración, y Llull con un punto más que el pívot también campeón de la NBA pero con una influencia decisiva, con +17 con el menorquín en cancha. Superior aún fue la de Rudy, ya que con el escolta mallorquín la selección firmó +23, después de que hasta seis jugadores aportasen dobles dígitos en ataque.

Con 125 puntos de valoración global frente a 72 de la selección argentina, el equipo español, que ha escrito una página de quiso mostrar al mundo que, con peor o mejor equipo, se puede aspirar a lo máximo a base de trabajo y solidaridad. Siempre la defensa.

Superior bajo aros

En la batalla por el rebote, contra una selección tan física, España también fue muy superior (47 rechaces frente a 27 y 34 de ellos bajo su aro), lo que pone en evidencia que la selección disfruta entregada a la defensa, que es la que lleva a los éxitos, y que en este Mundial de China ha puesto en la cima a Claver, un muro incansable durante toda la competición que se ha destapado en esta faceta, junto a, entre otros, Rudy, Ribas, Llull y Oriola. Cuando a España no le funcionó el ataque (6 de 20 en triples), como ocurrió en el segundo y en el último cuarto, cuando Argentina apretó hasta acercarse a 12 (56-68), siempre estuvo la defensa.

Cuando se vio obligada a dar un paso al frente, la selección nunca se escondió, como tampoco lo hicieron en la final los secundarios. España supo tener ambición pero también paciencia y temple ante la presión argentina. Al igual que ocurrió para afrontar el soberbio partido de los ‘valientes’ contra Serbia, que supuso el verdadero punto de inflexión de España en el Mundial en el que también se ha asegurado el billete a los Juegos de Tokio 2020.

 

La gloria para España cerraba una jornada en la que Francia superaba en la lucha por el tercer puesto a Australia por 67-59. De Colo dirigió a los galos frente a un rival de que fue de más a menos.

Doce reyes y un éxito de leyenda