domingo. 04.12.2022
El debutante Nico Williams juega un balón ante Renato Steffen en el partido de Liga de Naciones. BELVER
El debutante Nico Williams juega un balón ante Renato Steffen en el partido de Liga de Naciones. BELVER

España se armó de paciencia desde el inicio para, fiel a su estilo, ir erosionando la muralla helvética a través de la circulación de balón. Un guión parecido a episodios anteriores en estos duelos siempre tan igualados. Ya lo había advertido Luis Enrique en la previa. Enfrente un bloque sólido, una auténtica roca, con dos líneas de cuatro y cinco hombres en fase defensiva y Embolo como verso libre. Al final, 1-2 para Suiza y España necesita ganar el martes a Portugal para estar en la final a cuatro de la Liga de Naciones.

Más allá del toque de balón por el centro, en ocasiones estéril ante rivales muy replegados, España entendió pronto que debía aprovechar la profundidad por las bandas de Ferrán o Sarabia o las incorporaciones al ataque de Jordi Alba. Otra cosa es que lo llevase a cabo correctamente. Pero Akanji impuso su exuberante físico para firmar con la testa el 0-1 y arrojar agua fría sobre la excelente atmósfera de La Romareda.

Necesitaba el sopapo España para meter una marcha más a un encuentro que definitivamente se le había ido de las manos. Pasaban los minutos y lo cierto es que Suiza acumulaba méritos en forma de saques de esquina, obligando a la estirada de Unai Simón, y los de rojo se fueron a los vestuarios con mucho trabajo por hacer.

La pausa le devolvió la iniciativa a España, que metió al combinado helvético en su propio terreno con una posesión un tanto estéril, eso sí. Faltaba desatascar el encuentro y ahí entró en juego la calidad. No había hasta entonces señales de Asensio, pero la zurda del mallorquín apareció en el momento preciso para conducir y ceder el balón para la incorporación de Jordi Alba, que descerrajó la puerta suiza para delirio de la afición zaragozana.

Una defensa endeble Lo más complicado parecía hecho pero la alegría duró lo mínimo, hasta que Embolo aprovechó otra vez la preocupante endeblez de la defensa española para poner de nuevo en ventaja a Suiza.

Luis Enrique agitó el árbol y La Roja llamó a rebato la opción que le quedaba para evitar el naufragio con 20 minutos de juego por delante.

El físico Marcos Llorente, el vertical Yéremy Pino y los debutantes Nico Williams y Borja Iglesias a escena. Una propuesta muy diferente a la inicial que al menos le dio a España toda la verticalidad de la que había carecido durante gran parte del encuentro. Así, a ramalazos, La Roja trató de lograr el mal menor del empate hasta el último minuto. Fue un quiero y no puedo. Sommer se convirtió en una pesadilla y le negó el gol a España una y otra vez. No estaba la noche para alegrías pese a la predisposición del público para que así fuera. El partido comenzó torcido y acabó de igual forma. Ahora, España sigue dependiendo de sí misma en la Liga de Naciones, esa el la mejor noticia, pero está obligada a ganar a Portugal en Braga para lograr el pase a la final a cuatro y lo que es peor, emborrona el cuaderno de notas y genera serias dudas en la antesala del Mundial de Catar, la cita de la que verdaderamente todo el mundo está pendiente de una selección sin un rumbo claro.

España cae frente a un muro
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