lunes 20/9/21
Olimpismo | Juegos de Tokio

España reluce en la fiesta olímpica de Tokio

En una ceremonia inaugural algo desangelada por la falta de público, Japón abre los Juegos más extraños de la historia enfrentándose a su peor rival: la pandemia de covid. Mireia Belmonte y Saúl Craviotto abanderaron a la expedición española
La tenista japonesa Naomi Osaka fue la encargada de encender el pebetero olímpico. LAURENT GILLIERON

Con un gigantesco estadio espectacularmente vacío, los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 se inauguraron ayer, justo un año después de la fecha en que estaban previstos. La pandemia del coronavirus, que estalló en China a principios del año pasado, no solo obligó a aplazarlos, sino que ha vaciado los estadios para evitar que siga propagándose y ha vuelto a buena parte de Japón en su contra por miedo a que disparen los contagios. Frente a este temor, los Juegos intentan reivindicarse con sus fuertes medidas de seguridad y con la esperanza en que los atletas traigan un poco de alivio y alegría al mundo en estos tiempos difíciles.

Para ello, y como es habitual, la gala de apertura levantó el telón olímpico. Un espectáculo que, en otras ocasiones, supone un alarde de masas y que, esta vez, quedó muy deslucido por la falta de espectadores. Sin público en sus 68.000 asientos, los únicos asistentes a la gala de apertura fueron los periodistas y un millar de personalidades, entre las que había 15 dirigentes internacionales. A pesar de sus aplausos y de los decibelios de los altavoces, se echó en falta el calor de la multitud en las gradas rugiendo y electrizando el ambiente. Por desgracia, esta vez no había gritos de asombro tras los fuegos artificiales lanzados desde la cúpula del nuevo Estadio Olímpico, que se ha levantado sobre el que acogió los Juegos de 1964.

Cumplir la tradición

Como es de costumbre, Grecia abrió la comitiva y cerró el país anfitrión, Japón

Como no podía ser de otra manera, la ceremonia guardó al inicio un minuto de silencio por las víctimas del coronavirus, especialmente los miembros de la familia olímpica. De igual modo, recordó a las víctimas del equipo israelí asesinadas en el atentado islamista contra los Juegos de Múnich en 1972. Con los lemas «Moviéndose adelante» y «Unidos en la emoción», la gala empezó rindiendo homenaje a los atletas, que han sufrido un año muy difícil para entrenar por los confinamientos y las restricciones de la pandemia. A continuación, y con el emperador Naruhito y el máximo responsable del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, presidiendo ya la ceremonia, la famosa cantante Misia interpretó con su potente voz el himno nacional mientras 38 militares de la Fuerzas de Autodefensa izaban la bandera de Japón. Sobre su fondo blanco, el punto rojo del sol naciente no solo estaba presente en el emblema nacional, sino también en el suelo del escenario. Justo en el centro, al lado de las banderas nipona y olímpica, una pirámide octogonal blanca representaba al monte Fuji, otro de los símbolos de Japón. En su cima, una bola blanca escondía el secreto mejor guardado de la ceremonia, el pebetero olímpico. Pero, antes de su encendido, desfilaron las 207 delegaciones que compiten en estos Juegos, con España en el puesto 88.

Encabezados por Saúl Craviotto y Mireia Belmonte, mucho más acompasados portando la bandera que la mayoría de los abanderados que los precedieron, sonrientes por debajo de las mascarillas rojas que tapaban su rostro y que se han convertido en la marca inexcusable que toda la humanidad ha tenido que aceptar en el último año y medio, los españoles marcharon en el arranque de Tokio 2020. Ataviados con chaqueta blanca, polo rojo y pantalón azul ellos, y con vestido rojo y chaqueta blanca ellas, salieron al estadio algo cohibidos, móviles en ristre para inmortalizar el momento.

Conforme fueron avanzando la alegría se exteriorizó algo más: un corazón formado con los dedos a cámara, manos arriba por parte de las jugadoras de baloncesto como Laia Palau, besos a la cámara de su compañera Leonor Rodríguez. Desde el palco saludaban Juan Antonio Samaranch, exvicepresidente del Comité Olímpico Internacional, y Marisol Casado, presidenta de la Federación Internacional de Triatlón (ITU) y miembro también del COI.

España se fue animando conforme pasaron los metros del pasillo que permite el lucimiento de cada delegación en el incesante y agotador paso de deportistas que es una inauguración de unos Juegos Olímpicos.

Una de las sorpresas

Alejandro Sanz cantó 'Imagine' junto a Angelique Kidjo, John Legend y Keith Urban

Como es costumbre, Grecia abrió la comitiva y la cerró el país anfitrión, Japón. Pero, como novedad de esta edición, justo antes del equipo nipón marcharon los de Francia y Estados Unidos, que acogerán las próximas Olimpiadas en 2024 y 2028, respectivamente. Aunque la mayoría de los atletas desfilaron separados para mantener la distancia de seguridad, la delegación argentina se fundió en un abrazo saltando y algunos abanderados, como los de Pakistán, aparecieron sin mascarilla. Debido a las medidas contra la covid, la ceremonia se alargó hasta el filo de la medianoche.

Pero contó con menos atletas que en otras ediciones porque muchos no han llegado todavía a Japón para reducir su estancia y, así, los riesgos. Por su parte, otros que sí están ya en Tokio no participaron para reducir las aglomeraciones en la pista. Frente a los más de 10.000 atletas que suelen marchar en circunstancias normales, esta vez fueron 5.700.

Tras el desfile, siguió el juramento olímpico, entonado por entrenadores y jueces, hombres y mujeres, para demostrar el espíritu de inclusión que reina en estos Juegos. Así se vio en que buena parte de los abanderados eran parejas y en las actuaciones «Juntos más fuertes» y «Unidos en la diversidad», que precedieron al despliegue del emblema olímpico de Tokio 2020. En el que sin duda fue el momento más emocionante de la ceremonia, aquí la gala cogió altura al dibujarlo en el cielo con 1.824 drones.

Su elegante diseño de cuadros azules, obra de Asao Tokolo, se remonta al periodo Edo y ha hecho olvidar el fiasco de las acusaciones de plagio que recayeron en 2015 sobre el primer logotipo.

A continuación, y dando una sorpresa que él mismo había desvelado en Twitter justo antes de que empezara la ceremonia, Alejandro Sanz cantó ‘Imagine’ en un vídeo junto a Angelique Kidjo, John Legend y Keith Urban. Portada por seis relevistas, la bandera olímpica entró en el estadio mientras un coro de niños, entre ellos ocho de Fukushima, cantaban su himno durante el izado. «Este es un momento de esperanza. Aunque es muy diferente a lo que esperábamos, disfrutemos de esta unión».

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