jueves 15/4/21

Éxitos deportivos y fracaso social

Ha sido un año excepcional para los pescadores leoneses que compiten a nivel internacional, aunque fuera de ese ámbito el balance deja ríos con poca actividad por culpa de una ley restrictiva.
Iglesias, tercero en el Nacional, y Castro Pinos, campeón autonómico.

A la hora de realizar un balance del año que ahora finaliza en el aspecto de la pesca deportiva y de competición, éste podría calificarse de excepcional. Nunca nuestros deportistas se han situado tan alto en todas las competiciones a nivel mundial, nacional y autonómico. Al campeonato del mundo que se celebró en Bosnia Herzegovina durante el mes de junio acudió un equipo español compuesto por seis deportistas entre los que figuraban dos leoneses, Pablo Castro Pinos y José Miguel Matilla. El triunfo alcanzado en este campeonato, el primero en toda su historia, supuso que España se colocase entre la élite mundial de la pesca con mosca rompiendo la supremacía que siempre habían mantenido polacos, checos, franceses o estadounidenses.

Las segunda competición en importancia, el campeonato de España, se celebró en León en los escenarios, cotos y ARECs del río Órbigo. Los pescadores leoneses, que esta vez competían en casa, lograban el oro y el bronce. Primera posición para José Miguel Matilla y tercera para Manolín Álvarez Iglesias. Ambos quedan clasificados de forma automática para el próximo mundial de 2016. En el ámbito autonómico el triunfo fue para Pablo Castro Pinos, «el bombero», que de esta forma se sacaba la espina del campeonato de España donde no consiguió la clasificación. Cada vez resulta más evidente que la pesca deportiva en la modalidad de mosca seca, la que tiene mayor proyección a nivel internacional, tiene en León su mejor cantera, sin menospreciar a catalanes, vascos y gallegos que mantienen magníficos deportistas en los equipos de élite nacionales. El altísimo nivel que se alcanza en la provincia obliga a muchos pescadores a competir por otros territorios, donde lograr clasificaciones es mucho más sencillo.

Menos licencias

Fuera de la competición, en la que la participación es minoritaria, están el resto de aficionados que disfrutan del río y de los paisajes fluviales que presenta la variada y rica geografía leonesa. La restrictiva Ley de Pesca de Castilla y León ha desalojado del río a muchos pescadores que ya no sacan la licencia o, aunque la posean, no salen al río a pescar truchas. La imposición de la pesca sin muerte ha privado a muchos pescadores, especialmente los ribereños, de un recurso del que habían disfrutado desde siempre. Los beneficios que este sacrificio iba a representar para el turismo tampoco se han notado, antes bien, una gran parte del turismo nacional que mueve la pesca ha preferido desplazarse a las comunidades limítrofes donde la legislación es más permisiva. El comercio que se movía en torno a la pesca, especialmente el del montaje de moscas artificiales y el de los gallos de pluma, ha sido especialmente perjudicado y se mantiene a base de voluntarismo.

Por último, en el aspecto más importante como es la conservación de la especie, tampoco se han visto grandes progresos. El año pasado, primero de aplicación de la Ley, los pescadores que salieron al río pescaron mejor, pero no tanto porque hubiese mas truchas como porque éstas estuviesen menos presionadas. En 2015, y según una amplia muestra recogida entre los pescadores, no se ha apreciado un incremento en las poblaciones trucheras. En todo caso si en su tamaño, con ejemplares de mayor talla. De hecho todos coinciden en que se ha pescado peor, especialmente en los meses de junio y julio. Cada vez resulta más evidente que la regeneración del río tan solo se consigue actuando sobre la calidad del agua, el respeto de los cauces en vez de intervenciones agresivas.

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