miércoles. 01.02.2023

Una «hibernación» forzosa

Todos reconocen que la provincia de León es un lugar privilegiado para la pesca de la trucha pero no hay cotos en los que practicar esta actividad durante el tiempo invernal
Los embalses ofrecen muchas posibilidades para seguir practicando el deporte de la pesca
Todos los aficionados a la pesca de la trucha reconocen a la provincia de León como un espacio privilegiado. La densidad de su red fluvial en la que se encuentran magníficos tramos trucheros tanto de montaña como de ribera, unida a la calidad y tamaño de las truchas, hacen que todos los años los ríos leoneses sean cita obligada para los pescadores a mosca de toda España. Pero a partir de mediados de octubre esta actividad se para en seco pues, a diferencia de otras regiones menos favorecidas por la naturaleza, León carece de cotos intensivos para pescar todo el año. Incluso los propios aficionados leoneses se ven obligados a trasladarse a Galicia, Castilla la Mancha o Madrid para poder practicar su afición favorita. Durante la temporada de pesca León cuenta con tres cotos intensivos: Marne en el Porma, La Bañeza en el Órbigo y Ponferrada en el Sil. A la hora de establecer estos tres cotos se tuvo en cuenta la proximidad a centros urbanos así como el estado de los tramos elegidos, bastante degradados, y en los que apenas quedaban truchas salvajes. Además, y en los dos primeros, la invasión de lucios había sido espectacular de forma que la pesca intensiva podría suponer, y de hecho así ha sido, un importante freno a la remontada del voraz depredador. La calidad de las aguas, sin embargo, resultaba suficiente para mantener poblaciones de trucha común, de forma que se eligió ésta para las repoblaciones. La piscifactoría de Vegas del Condado, propiedad de la Junta de Castilla y León, debía proporcionar un número necesario de peces para abastecer estos cotos, y así fue durante los primeros años. Los problemas técnicos de la piscifactoría, que ocasionan mortandades excesivas, han sido decisivos para que estas repoblaciones se lleven a cabo últimamente con menores cantidades de trucha, lo que ha motivado bastantes quejas entre los aficionados que, sin embargo, siguen acudiendo a pescar en buen número tanto desde León como desde las provincias limítrofes. Cotos de invierno La demanda de espacios para practicar la pesca todo el año está siendo cada vez más importante. Hace años todos los aficionados sabían que, finalizada la temporada, se debía colgar la caña y esperar a una nueva temporada, permitiendo así la recuperación de las poblaciones trucheras. Ahora, sin embargo, son muchos los pescadores, especialmente de mosca seca, que no se resignan y buscan la forma de proseguir con su afición. Los recursos que invierte un pescador de mosca son cuantiosos. Tan sólo en materiales incluidas cañas, vadeadores, líneas, moscas y un largo etc. pueden emplearse un mínimo de mil euros anuales, no siendo descabellado doblar esta cifra en función de las marcas y calidades. A esto habrá que unir todo el gasto que ocasionan los desplazamientos, hospedaje y permisos. Pero lo más importante es poder disponer de espacios en los que practicar la pesca. Las revistas especializadas proponen con frecuencia estos cotos intensivos de invierno ubicados tanto en ríos como en aguas embalsadas en los que puede pescarse todo el año en ocasiones trucha común y casi siempre trucha arcoiris. El País Vasco, Galicia, Cataluña, Valencia, Andalucía, Castilla la Mancha e incluso Madrid disponen de acotados de este tipo. León, la provincia más truchera de España no los tiene y pierde de esta forma importantes recursos generados por la pesca. Además, si la Semana Santa coincide en fechas tempranas como este año, la apertura de la temporada se produce en fechas posteriores, por lo que las repercusiones sobre las visitas turísticas son enormes con el consiguiente perjuicio para la hostelería y el comercio especializado que podrían aliviarse de disponer de cotos intensivos. Los mejores ríos Los responsables de la Sección de Pesca, dependiente de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta, se muestran reacios a mantener abiertos los cotos intensivos todo el año pues estiman que todavía frezan algunas truchas. Personalmente estimo que el daño que podría causarse a esos «supuestos» frezaderos sería mucho menor que el que se ocasiona manteniendo abiertos hasta el 15 de octubre, cuando ya las truchas han entrado en celo, tramos ubicados en cursos medios del Esla, Luna-Órbigo o Sil. Pero aun en el supuesto que así fuera los cursos bajos de los grandes ríos disponen de tramos con suficiente calidad de agua para establecer cotos repoblados con truchas arcoiris, mucho más baratas y fáciles de conseguir, y que desde el punto de vista deportivo resultan tan atractivas como las comunes de repoblación por su agresividad y fortaleza. El río Esla por debajo del acotado de Marne podría, siempre que se cuidasen los vertidos y la acción de las graveras que embarran las aguas, albergar un par de cotos (ya los tuvo en su día) alternándolos como tramos libres en su recorrido hasta Valencia de D.Juan. En la actualidad este tramo está totalmente abandonado y tan solo lo visitan de forma esporádica los pescadores de lucio. Otro tramo a considerar sería el Orbigo por debajo del Puente Paulón. En la actualidad puede pescarse y de hecho es uno de los pocos lugares a los que acuden pescadores, sabiendo que deben devolver las truchas capturadas. El hecho de soltar truchas arcoiris no debiera escandalizar a nadie, habida cuenta que en todas las cabeceras de los mejores ríos trucheros hay piscifactorías de las que, periódicamente, se escapan miles de alevines que conviven durante un cierto tiempo con las fario hasta que, por su mayor voracidad, son eliminadas por los propios pescadores. Pero mayores posibilidades, si cabe, ofrecen los pequeños embalses y presas de tierra, con láminas de agua de seis a treinta hectáreas, que jalonan toda la geografía provincial y que están totalmente desaprovechados. Embalses como el de Jamuz, Villagatón, Antoñán, Benamarías o tantas otras ideales para establecer cotos intensivos al estilo de Villagudín en Galicia si se abren a la iniciativa privada. Las sociedades de pescadores han ofrecido a la Administración gestionar estos espacios y abrirlos al público en general sin ningún ánimo de lucro, simplemente el de ofertar a sus asociados y demás pescadores nuevas posibilidades de ocio y disfrute con la pesca. En otras Comunidades ya funcionan, ¿por qué en Castilla y León no?. ¿Temen acaso los responsables políticos que la gestión de las sociedades deje en evidencia su mala, cara e ineficaz administración? Pero mientras la Junta deshoja la margarita León pierde posibilidades de generar riqueza y empleo con el turismo, a la vez que obliga a los pescadores leoneses a colgar la caña o a viajar a otros lugares, con bastante menos posibilidades y categoría, para poder pescar.

Una «hibernación» forzosa