miércoles 18/5/22

Jornada de Copa donde la ilusión por pasar la eliminatoria debería de ser lo que primara dentro de la entidad culturalista, ciñéndose al aspecto meramente deportivo, pero por desgracia el mes de diciembre vuelve a ser protagonista, con un nuevo cambio de inquilino en el banquillo. Y es que los últimos malos resultados han dado al traste con la continuidad de Ramón González. Atrás quedan los halagos y buenas palabras del gerente todopoderoso, donde cuando las cosas se ponen feas no duda en cortar la cabeza al director de la orquesta, sea quien sea. Unos cuantos ya lo han sufrido en las últimas temporadas, y es que aquí los errores siempre son de los demás, y cuando se realiza cualquier tipo de análisis, el hacer autocrítica no entra dentro de su lenguaje, echando balones fuera y culpando al empedrado.

Mención aparte merece el director deportivo, que tras tres años en el cargo su función no ha dado resultado alguno, debiendo ser el catálogo, el catón por el que se guía a la hora de la composición de la plantillas, donde los aciertos se han quedado por el camino, más bien en el limbo. De nada vale predicar que la plantilla debe y tiene que dar mucho más porque hay jugadores para ello, si en el día a día el rendimiento es el que es, con una irregularidad manifiesta, donde las carencias y errores prevalecen.

La llegada del nuevo entrenador Curro Torres coincide con este partido de Copa ante el Leganés, donde sin tiempo material para entrenar y conocer a los jugadores, tendrá que exponer sus cartas y tirar de imaginación para dar la campanada. Todo un mar de incógnitas con movimientos express, para intentar sacar del letargo a un equipo, cuya marcha lleva un camino más que incierto, sino se le pone freno. En fútbol todo puede suceder, y quizá hoy la Cultural pueda tener un buen regalo adelantado de Navidad.

Incertidumbre a base de impulsos
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