jueves. 08.12.2022

El Barcelona cerró con nocturnidad uno de los grandes culebrones del verano, del otoño y por poco del invierno. Ronald Koeman, sentenciado desde hace meses, fue destituido tras la derrota del conjunto culé en el estadio de Vallecas y terminó así con su condición de técnico ‘provisional’. El neerlandés vivió día a día, sabedor de que el club no contaba con él y permaneció a la espera de que Joan Laporta le apuntillase.

«Ya dije que abríamos un periodo de reflexión por Koeman. Hay que evaluar lo que ha salido bien y lo que no de la pasada campaña», aseguró el presidente el 31 de mayo, en la presentación de Sergio Agüero como futbolista del Barça. Ese día, quedó más claro que nunca que Koeman no era el técnico que más agradaba al máximo mandatario culé y que lo era como consecuencia de la grave crisis deportiva que atravesaba el club, un obstáculo a la hora de afrontar cambios en el banquillo.

Aquellas palabras fueron el culmen de la mala relación que ambos atravesaban. Laporta no ratificó al que fuera héroe de la primera Champions del Barcelona cuando tomó posesión como presidente y tampoco lo hizo cuando el equipo ganó la Copa del Rey en La Cartuja. Esa falta de respaldó derivó en un Koeman que poco a poco fue armándose de valor y que finalmente explotó en rueda de prensa. «Siento que tengo el apoyo de los jugadores».

Sus palabras desembocaron en una nueva patada hacia delante de Laporta. El presidente culé ratificó a Koeman antes del partido ante el Atlético en una nueva decisión provisional mientras varios miembros de su junta directiva pedían la cabeza del técnico. El despido llegó finalmente tras caer en Vallecas.

Koeman, un adiós anunciado desde el primer día porque Laporta no creía en él
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