jueves 15/4/21

Presidente sin carisma, sin crédito entre los jugadores e impopular para los socios

Josep María Bartomeu, de 58 años, ha sido el presidente del FC Barcelona más impopular de los últimos años, el primero en sufrir el enorme impacto negativo que se puede generar a través de las redes sociales en la imagen personal de un dirigente.

Un hecho que le acabó obsesionando tanto que le terminó costando el cargo al tomar decisiones deportivas en función de los mensajes que leía y al contratar una empresa de monitorización de contenidos con facturas sospechosas y órdenes confusas de desprestigiar a rivales del entorno del club e incluso a empleados con litigios contractuales, además de crear corrientes de opinión favorables. Nunca tuvo carisma y no pudo comprarlo, pero está pagando el hecho de intentarlo.

Dimitió el 27 de octubre de 2020 tras una moción de censura que inició un largo proceso electoral que concluirá el 7 de marzo. Para entonces ya era una caricatura sin autoridad sobre los jugadores, a quienes les consintió todo, pero que acabó siendo nociva para el club. Cuando quiso tomar decisiones ya era tarde porque no había dinero para indemnizaciones y tuvo que soportar que se rieran de él en su propia cara, como cuando en la despedida de Luis Suárez, al ser preguntado sobre si tenía que reprocharse algo, el uruguayo le señaló con la cabeza, entre las risas de sus ya excompañeros, pero todavía jugadores de Bartomeu: «¿A mí o a...?».

«La verdad que hace tiempo que no hay proyecto ni hay nada, se van haciendo malabares y van tapando agujeros a medida que van pasando las cosas», lamentó Messi en la entrevista de ‘Goal’, señalándole directamente por la crisis deportiva e institucional del último año y medio, agravada por la pandemia del coronavirus. El del argentino, eso sí, fue el último pulso ganado por el expresidente, que le impidió dejar el club en agosto cuando el ‘10’ solicitó marcharse a través de un burofax con una interpretación interesada de su contrato.

Empresario especializado en obras de ingeniería para puertos y aeropuertos, exjugador de baloncesto en categoría juvenil, llegó al club con Sandro Rosell en la junta directiva de Joan Laporta en 2003 como vocal y responsable de las secciones de baloncesto, balonmano y hockey, pero se fue, también con Rosell, peleado con Laporta en 2005. Cuando Rosell ganó las elecciones en 2010, volvió como vicepresidente deportivo hasta 2014, momento en el que se convirtió en presidente. Primero lo hizo como relevo legal de Rosell, quien dimitió por sus conflictos judiciales, y en 2015 ganó unas elecciones en las que peligraba su continuidad, pero en las que se benefició del triplete del Barça. La fuga de Neymar al PSG acabó siendo su cruz. Con aquellos 222 millones de euros de su cláusula de rescisión enloqueció pagando fichajes con precios inflados. Se seguirá hablando de él. Y no bien.

Presidente sin carisma, sin crédito entre los jugadores e impopular para los socios
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