miércoles. 05.10.2022
                      El portero del Real Madrid, Thibaut Courtois (c), levanta el trofeo junto a sus compañeros que les acredita como campeones de la Supercopa de Europa. CHEMA MOYA
El portero del Real Madrid, Thibaut Courtois (c), levanta el trofeo junto a sus compañeros que les acredita como campeones de la Supercopa de Europa. CHEMA MOYA

El Real Madrid puso en Helsinki la primera piedra en el camino hacia el ambicionado, aunque complicadísimo, sextete. Los blancos, que siguen envueltos en un perenne estado de felicidad, doblegaron al Eintracht (2-0) con goles de Alaba y de Benzema para estrenar la temporada levantando su quinta Supercopa de Europa y colocarse así a la altura de Milan y Barça, los otros plusmarquistas de la competición que mide a los campeones de la Champions y de la Europa League. Las águilas ofrecieron resistencia durante la primera media hora en tierras nórdicas, pero acabaron siendo reducidas a la nada por el aplomo, la clase y la tremenda jerarquía del rey del continente, cuya fiabilidad en las finales raya lo extraordinario. De las 18 últimas que ha disputado, ha salido victorioso en 16. En ese lapso, solo el Atlético, en la Copa del Rey de 2013 y en la Supercopa de Europa de 2018, ha sido capaz de rebelarse ante su dominio hegemónico en este tipo de citas sin red.

Fiel a sus principios, Carlo Ancelotti repitió el once que conquistó la Decimocuarta en París para encarar a un Eintracht que compareció en Helsinki sin dos de los baluartes sobre los que cimentó su asalto al trono de la Europa League tres meses atrás: el central Martin Hinteregger, retirado de forma prematura, y el carrilero Filip Kostic, atado por la Juventus. El austríaco era la clave de bóveda del engranaje defensivo de las águilas y el serbio engrasaba el frente ofensivo con su profundidad por el flanco izquierdo. Dentro del plan de Glasner había dos argumentos discordantes: la potencia de Valverde y la velocidad de Vinicius. Suficientes, en cualquier caso, para que el muro teutón se desmoronase. De una fulgurante cabalgada de Vinicius que recordó mucho a la que sirvió para frenar al Manchester City el pasado curso en el Etihad nació el córner que permitió abrir el marcador al catorce veces monarca de Europa. Sirvió Kroos con la precisión a que acostumbra, Benzema tiró de pértiga, Casemiro prolongó y Alaba embocó a placer para rotular su cuarto tanto con la zamarra del Real Madrid. Los blancos se habían soltado las cadenas.

Con el resultado a favor, el Real Madrid se dedicó a hechizar al Eintracht a través de su fútbol de etiqueta. Con el triángulo de las Bermudas marcando ya el compás, Vinicius dispuso de una buena ocasión para agrandar la brecha, aunque Trapp salvó con una pizca de fortuna. Acudió Glasner a la calidad de Götze y la pujanza de Kolo Muani para intentar contener la marea blanca, pero la crecida continuó. Casemiro, soberbio en labores defensivas y que acabó siendo elegido con toda justicia como mejor jugador de un encuentro en el que ofreció un auténtico recital, reventó la bola contra el travesaño tras un zurriagazo desde la frontal del área que buscaba finiquitar el pleito. Para entonces Modric dirigía la orquesta, mientras que Vinicius y Benzema sembraban el pavor con sus movimientos. De esa conexión letal entre el brasileño y el francés brotaría el tanto que abrochaba el partido y permitía al ‘9’ escribir otra página para la leyenda al superar a Raúl González Blanco como el segundo máximo artillero en la historia del Real Madrid. 324 dianas jalonan ya la trayectoria como madridista del próximo Balón de Oro y, desde la marcha de Marcelo, primer capitán de los blancos. Una condición que le permitió levantar su 23 trofeo desde que aterrizó en Chamartín.

El Real Madrid inicia el camino hacia el sextete
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