sábado. 28.01.2023
                      Rodrygo celebra su gol ante el CD Cacereño. JAVIER LIZÓN
Rodrygo celebra su gol ante el CD Cacereño. JAVIER LIZÓN

El Real Madrid esquivó un nuevo bochorno en la Copa del Rey, ese torneo en el que los blancos coleccionan desastres de proporciones bíblicas, gracias a un solitario gol de Rodrygo (0-1). El paulista, siempre aplicado con independencia de la enjundia que tenga la cita, socorrió a la apática unidad B de Carlo Ancelotti en la segunda parte.

Ordenado, sacrificado y valiente, el equipo de Julio Cobos tuteó al campeón de Liga y de Europa, hasta el punto de hacer que su parroquia le creyese capaz de unir el nombre del decano del fútbol extremeño a los de Toledo, Real Unión de Irún, Alcorcón, Alcoyano, sonrojantes verdugos en el pasado de una aristocrática escuadra que siempre tiene el torneo del KO a la cola en su lista de prioridades. Compitió con gallardía y ello le honra. Al final ganó el transatlántico, pero eso es lo único bueno que sacó de otra actuación deslucidísima.

El paso de los minutos aventó un choque más recreativo que permitió al Cacereño amenazar, pero invitó también al Real Madrid a avisar. Asensio probó fortuna con un disparo blando y Valverde mordió un tiro de Manchón lo justo para que Lunin no tuviese que estirarse. Para entonces el Príncipe Felipe jaleaba con el grito de «sí se puede» el aire rebelde de su escuadra.

Suficiente para que Ancelotti relevase a un Hazard que pasó por Cáceres como si de un fantasma se tratase para dar la alternativa a Álvaro Rodríguez, el espigado delantero hispano-uruguayo que levanta grandes expectativas en el Castilla. El plan pasaba porque el hijo del Coquito Rodríguez fungiese como referente en el intento de desatascar el partido, pero fue Rodrygo el que encontró el camino de inmediato quebrando a los centrales en una baldosa y voleando con la diestra al palo largo para resolver un partido mucho más ulceroso de lo que se presuponía.

Rodrygo da el pase a octavos a un gris Madrid ante el Cacereño
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