lunes. 30.01.2023

Un título histórico, una final irrepetible, España en la elite del balonmano mundial. No cabe duda de que la final del domingo ofrece una exquisita imagen de un deporte como es el balonmano, el tercero en importancia tras el fútbol y el baloncesto.

Tras esa idílica imagen de la arcadia balonmanística existe una realidad que en nada tiene que ver con la final de Barcelona. En la selección, siete jugadores son azulgrana, dos del Atlético de Madrid, cinco juegan fuera de España y uno del Ademar, que sustituía a un lesionado del Barça.

La situación económica de la mayoría de clubes de la Asobal es en su mayoría calamitosa, con impagos tan frecuentes como las jornadas de liga; con problemas de deudas acumuladas año tras año; con inminentes concursos de acreedores; con clubes históricos que han desaparecido y otros que están al borde de la desaparición; con otros que se niegan a abonar el canon por jugar en la elite; con las figuras nacionales abandonando el país porque no hay clubes donde se les pueda garantizar siquiera el cobro de sus salarios. El título mundial se ha conseguido por méritos propios con una generación de jugadores que han participado de una de las mejores ligas del mundo, como ha sido la española, pero a la que la falta de previsión ha llevado a una situación penosa, crítica y de compleja solución. Ya es hora de empezar a ordenar el balonmano español.

El título no esconde la crisis del balonmano español
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