lunes. 06.02.2023

Varenik, de la odisea ucraniana al Eneicat leonés

Una guerra que llega al deporte La ciclista vive a cientos de kilómetros de su país «el infierno de una invasión y muerte» que quiere que «termine cuanto antes»
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Hace poco más de una semana Marinka Varenik viajaba a Turquía para disputar con su selección una prueba ciclista. Lo hacía con cierta incertidumbre por las noticias que llegaban desde su país Ucrania con el movimiento de tropas rusas en la frontera. Pero la ciclista del Eneicat RBH Global no se esperaba que la situación empeorase hasta el punto de que su país se viera inmerso en una guerra, invadido y convertido según la joven ciclista de 20 años «en un infierno».

A Varenik le pilló la guerra en Turquía y desde allí el temor por lo que se estaba convirtiendo su país y el riesgo para sus habitantes, entre ellos su familia, se apoderó de ella. Y más al estar a cientos de kilómetros sin saber en primera persona cómo se desarrollaban los acontecimientos. A pesar, eso sí, de que cada día se comunica con sus seres más queridos.

Para la ciclista ucraniana que el miércoles de la próxima semana llegará a León tras un periplo que además de Turquía incluye a Italia (la Federación transalpina le ha costeado junto al resto de internacionales el viaje de regreso a Italia y posteriormente a España), la situación que está viviendo se ha tornado en «un infierno. Llevo siete días así. Mi mayor preocupación ahora es mi familia. Lamento mucho no poder ayudarla como al resto de compatriotas. Quiero y rezo porque esta pesadilla termine ya», apunta entre la angustia por ver como de la vida cotidiana se ha pasado a una situación de guerra..

«Ahora no sé cuando podré volver a casa con mi familia», precisa la ciclista del Eneicat RBH Global que también agradece el cariño que está recibiendo de la escuadra leonesa capitaneada por Eneritz Iturriaga y Humberto Gómez, así como con el resto de compañeras con las que se encontrará en menos de una semana.

Y añade que «en estos momentos es difícil concentrarse en el deporte. Pero trataré de ser fuerte y no mostrar mi debilidad. No quiero decepcionar al equipo con mis temas personales. Sé que están conmigo y eso, en estos momentos, es muy importante para que el ánimo, ya de por sí maltrecho, no se torne a una peor situación».

Marinka Varenik, que intenta expresarse en español, un idioma como el inglés al que intenta adaptarse cuanto antes, no pasa un día, incluso varias veces a lo largo de este, de comunicarse vía telefónica o por whatsapp con sus padre. «Me dicen que da miedo salir a la calle. La gente camina con armas. Temen porque les pueda pasar algo ya que ven a los aviones volar cerca lanzando cohetes y bombas».

El miedo es uno de los sentimientos que afloran las 24 horas del día en el quehacer de familiares y amigos. «Caminar por mi ciudad (Kikolaev, al sur de Ucrania y a apenas 120 kilómetros de Odessa, uno de los objetivos de los ataques rusos en su invasión al país) les reporta mucho miedo, diría que pavor. Pero también están orgullosos de lo que son y de la movilización de un país entero que se resiste a ser invadido».

Para ella lo mejor en estos momentos es poder estar con sus seres más queridos. Algo que resulta imposible. «Por ahora yo no puedo ir a mi país y en el caso de mis familiares y en el caso de los hombres no se les permite salir de allí», apunta una ciclista que llegaba precisamente a la escuadra leonesa del Eneicat RBH Global el pasado mes de diciembre como una de las apuesta de presente y futuro dada su calidad y potencial para brillar en cualquier terreno.

Junto a ella y como apoyo la familia deportiva del Eneicat RBH Global para la que «en estos momentos tan duros lo único que nos preocupa es que Marinka esté bien. De lo deportivo sabemos que es una profesional y una enorme ciclista, pero en estos momentos el drama que vive su país es algo que está marcando su quehacer diario. Y nosotros no vamos a fallarle. Para lo que necesite estaremos a su lado», apunta Humberto Gómez, alma mater del proyecto ciclista leonés en la élite de este deporte junto a Eneritz Iturriaga.

Varenik lo tiene claro y se lo agradece. «Son extraordinarios. Y eso me ayuda a vivir estos momentos tan duros. Ojalá todo se solucione pronto». Y apunta a un deseo. «Poder vivir en paz. Que a nuestro pueblo, a nuestras familias y amigos nos dejen decidir lo que queremos ser», una petición que a día de hoy se está encontrando con un escollo, la guerra por la invasión militar de su país por parte de Rusia.

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