Diario de León

Bajo las bóvedas de orozco

En la Guadalajara de México, capital del estado de Jalisco, entre otras posibles, a este viajero se le ha abierto la imprevista posibilidad del muralismo de Orozco, uno de los nombres de la gran tradición mexicana

Hospicio Cabañas. En la cúpula, el ‘Hombre de fuego’.

Hospicio Cabañas. En la cúpula, el ‘Hombre de fuego’.

Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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En el espíritu del viajero, apasionado en general por la diversidad y el contraste, anida una tendencia a la consideración monográfica, aunque abierta en grandes abanicos, de ciudades, espacios y territorios. En la Guadalajara mexicana, capital del estado de Jalisco, entre otras posibles, a este viajero se le ha abierto la imprevista posibilidad, seguramente que por desconocida en su total realidad, del muralismo de Orozco, uno de los nombres de la gran tradición mexicana, junto con Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. El trío por excelencia. Adelantamos ya, con palabras de Octavio Paz, que «José Clemente Orozco se distingue de los otros muralistas mexicanos por sus ideales y opiniones ante los hechos… En sus murales es aún más explícita esta diferencia: ni idealiza al mundo indígena, ni le parece una abominación de la Conquista». Merece la pena no perder la ocasión, asunto que ya se repite en otros lugares. Quédese como ejemplo, por cercano, el recorrido por los murales de Vela Zanetti en Santo Domingo, capital de la República Dominicana, o la ciudad española de León.

José Clemente Orozco (1883-1949), que nació en este estado, tiene en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres de la capital un monumento. Seguramente caminará por allí, pues está en el corazón histórico de Guadalajara, ciudad en la que vivió algunos años de su niñez y a la que regresó, ya consagrado, para llevar a cabo parte de su obra más emblemática. Entre 1935 y 1939. Recorremos hoy los tres puntos más significativos. Prácticamente un trazado rectilíneo que propicia otras incorporaciones de buen calado. Y de vida. Nunca las consideraciones monográficas pueden ser excluyentes. Cualquier suma enriquece.

Estamos en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara.

Como ayuda para la orientación, el Templo Expiatorio del Santísimo Sacramento, máximo exponente mexicano del neogótico, está al lado. Buen momento para aprovechar.

El Paraninfo alberga dos murales. En la cúpula, con poderosas alegorías a la educación, el titulado «El hombre creador y rebelde». En los muros del estrado, «El pueblo y sus falsos líderes»: estos últimos, de apariencia grotesca, vestidos de obreros, repelen el ataque del pueblo enardecido. Anote que estamos ante creaciones muy originales, con la presencia de negros y rojos profundos.

Quizá tenga la misma o parecida sensación cuando llegue al siguiente punto de nuestro recorrido, el Palacio del Gobierno del estado de Jalisco, en el puro corazón de la ciudad, rodeado de referencias históricas, entre ellas la catedral.

Si los muralistas mexicanos han llenado el país de obras de carácter nacionalista y popular, los de Orozco retratan un tiempo de inestabilidad e injusticia social; es denuncia y anhelo de cambio plasmados con mucha fuerza. Considerado también un buen escritor, dice en sus Memorias: «Si no hubiera conflicto, no habría películas, ni toros, ni periodismo, ni lucha libre, ni política, ni nada. La vida sería muy aburrida. En cuanto alguien diga sí, hay que contestar no». Las dos obras que el viajero contempla ahora son un documento del cambio político y social de la época, con la figura central del considerado Padre de la Patria, Miguel Hidalgo Costilla, el Cura Hidalgo, que en diciembre de 1810 promulgó en este lugar la abolición de la esclavitud. La pieza que está en el frente de la escalera lo muestra sosteniendo una antorcha contra las fuerzas oscuras. Dicen los expertos que, además de ser su imagen más conocida, el rojo profundo sugiere el costo humano de este avance. En cualquier caso, admira su lenguaje expresivo y el reflejo de la condición humana.

Hidalgo es una referencia de abundantes y diversas expresiones en la ciudad. Comprobará algunas seguramente en el agradable, variopinto y enriquecedor paseo que conduce hacia la última cita, espectacular, con Orozco.

Hoy Instituto Cultural Cabañas, en origen el Hospicio Cabañas es uno de los ?inmuebles más representativos del inventario arquitectónico del estado de Jalisco, icono de Guadalajara, en cuyo centro está situado. Una de las muestras más importantes de la arquitectura neoclásica en México, desarrolló su actividad fundacional, salvo algún uso intermedio, entre 1810 y 1980. En 1937, a instancias del Gobierno del Estado, se invitó a José Clemente Orozco a pintar el interior de la capilla central, hoy considerada por los críticos la obra maestra del muralista jalisciense: cincuenta y siete frescos ofrecen un espectáculo visual único. Si al gran muralista le apasionaron dos períodos de la vida de su país, la Conquista y la Revolución, aquí se añade, creo, su preocupación por la violencia. La cúpula, bajo el título de «Hombre de fuego», es el espacio más considerado: un hombre consumido en llamas pero fortalecido en su último resplandor. Además este centro guarda en préstamo trescientas cuarenta y dos obras en soporte de papel del artista.

Esto y más para admirar. Tiene la palabra.

Al salir, y para cambiar de ambiente, siguen en pie múltiples alternativas. Le sugiero, por decir algo, tres: el paseo y sus propuestas en la Plaza Iberoamérica, la decadente Plazoleta de los Mariachis observando la vida frente a la tranquilidad de una cerveza o el cerrado Mercado de San Juan, abigarrado de gente y de insospechada variedad de oferta. Ándele…

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