sábado. 25.06.2022
Naturaleza

Los barrios que habitan las cigüeñas

Al espectáculo del crotoreo de una cigüeña lo supera el crotoreo de varias cigüeñas; a eso es posible asistir en este hábitat de adosados que crearon las aves migratorias cuando se se percataron que no había suficientes torres y campanarios para albergar el crecimiento exponencial de los censos. Por eso ampliaron el padrón en las periferias urbanas, en líneas de adosados, en los chopos del país tan denostados que abrazaron a sus nuevas inquilinos.
                      Hay santuarios naturales en los chopos del país que perdieron la esperanza cuando cesó la explotación ganadera de subsistencia en los pueblos leoneses. Colonias de cigüeñas    encontraron sobre esta especie que estira las ramas la solución  a la expansión del censo. El espectáculo se puede seguir en directo; en Cegoñal, en Campo de Santibáñez, en la Candamia, al pie de la ciudad.
Hay santuarios naturales en los chopos del país que perdieron la esperanza cuando cesó la explotación ganadera de subsistencia en los pueblos leoneses. Colonias de cigüeñas encontraron sobre esta especie que estira las ramas la solución a la expansión del censo. El espectáculo se puede seguir en directo; en Cegoñal, en Campo de Santibáñez, en la Candamia, al pie de la ciudad.

Está ese León que no aparece en los trípticos oficiales de los folletos, los sitios web, los reclamos de las ferias turísticas; está ese León que han encontrado los pájaros a cambio de un hueco, que luego hacen hábitat; y el hábitat es destino, para los ojos que jamás si imaginaron el ingenio de la fauna para crear recursos a la vez que encuentran paraguas. Resulta que los chopos del país y las cigüeñas estaban destinos a encontrase después de tantos años en los que las zancudas les bastaba una torre, una espadaña, un saliente elevado de un silo, para cumplir con el rito de la reproducción en la temporada septentrional. Los chopos del país que no querían ni ver en pintura los maderistas representan un paraíso entre la población estacional de aves que dedican medio año de sus planes de vida a extender la especie al amparo de los días crecederos del hemisferio norte. Lo que se desprecia entre los puristas del tablero, la contra chapa, es oro pulido para cimentar residencias en la campaña del norte de las cigüeñas, que hace ya unos años que saturaron los campanarios.

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En este León que vuelve a improvisar en el regreso a la esencia de lo salvaje, en este momento en el que la naturaleza es un tesoro para programar visitas, expediciones al tal como éramos, el retorno al guión original, al hombre y la Tierra, las cigüeñas ofrecen destinos en esos barrios y pueblos que han creado a base de cultivar la orden del reloj migratorio. Los chopos del país son torreones entre el repertorio de las especies arbóreas denostadas por la urgencia de los negocios. Poco vistosos, desgarbados, desordenados en el despliegue. Pendientes del rebufo ancestral de las viejas alamedas. Un desastre, si se compara con esas formaciones marciales que exponen los parientes del género canadiense, alineados en legiones de soldados impasibles, ajenos a todo lo que sucede alrededor; da igual arropados por el manto veraniego que en los gélidos inviernos en los que no tiritan desnudos.

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Por eso son canadienses, fríos, y distantes. De vez en cuando, y de forma excepcional, campamento para las grajillas, que son más leonesas que el silencio. Canadienses, su mismo nombre lo dice. No como los autóctonos, que se dejaban podar cada tres años para engañar la dieta invernal de los rumiantes, y a la vez, reformaban la estructura con estirones armados sobre nudos cada vez más gruesos, cada vez más altos.

                      marciano pérez

Esa consistencia llegó a llamar la atención de las cigüeñas, apuradas por la falta de metros, que se echaron sobre sus brazos abiertos y tendidos, en caños robustos capaces de asentar los cimientos en esas colecciones de adosados de palos que levantan las migrantes cuando sienten la llamada a postergar la especie. Así nacieron sobre las colonias de chopos autóctonos las hileras de nidos, que tuvieron una réplica puntual en la fiebre de los adosados que España estrenó con Médico de Familia. Estas colonias son sostenibles; palo sobre palo; hasta que el ave considera oportuno para garantizar la seguridad de los polluelos. Palo sobre palo, y el conjunto de palos sobre un mecano natural que no hace tanto despreciaban los maderistas y hoy son los barrios que salvaron a las cigüeñas que han encontrado paraísos en León.

Los barrios que habitan las cigüeñas
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