sábado 24/10/20

El capital de los labriegos

La reconversión del Munic ha revolucionado la apuesta de Carracedelo por la cultura y adereza el trabajo realizado en los últimos años por el Ayuntamiento para recuperar su patrimonio etnológico y dar futuro al pasado
LUIS DE LA MATA

Del terruño de Carracedelo se extrae lo mejor de la huerta del Bierzo y sus árboles dan fruta con identidad propia. Carracedelo respira campo y huele a esencia de pueblo.

En cualquiera de las seis localidades que integran este municipio, se siente el pasado y se observa un apego sin condiciones a la tradición en el fondo de sus gentes y en las formas de su arquitectura.

El soberano Monasterio de Santa María de Carracedo (siglo X), la Casa Rectoral (siglo XVIII) —hoy sede de los consejos reguladores de los productos agroalimentarios— y la iglesia románica de San Esteban son los ejes de un patrimonio rico, alejado de la ostentación, sencillo pero tan valioso que sin él no se puede entender el presente. Un patrimonio tejido entre lagares, molinos, palomares y hornos de pan.

Con el vuelco que el Ayuntamiento acaba de dar al otrora Museo Natura Ibérica, hoy renacido Munic, Carracedelo ha querido dar un golpe sobre la mesa para posicionarse como una referencia cultural en el conjunto de la comarca de la que forma parte.

El propio edificio que alberga el museo que estos meses será la casa de Charles Darwin es un ejemplo de esa arquitectura propia que teje el patrimonio arriba desgranado y que no se puede desligar, en ningún caso, de la cultura. Una cultura etnológica que recoge el legado de los antepasados y tributa a quienes labraron la tierra y amasaron el pan que alimentó a las generaciones que hicieron de Carracedelo el municipio fértil y próspero que hoy es.

Como destino turístico para todas esas personas a las que el confinamiento parece haber enseñado a valorar la riqueza del mundo rural y lo sanador que resulta respirar aire puro, Carracedelo también ha ganado puntos apostando por la recuperación de su arquitectura tradicional y enlazando cada uno de los valores a través de diferentes rutas.

La Ruta del Vino y del Pan es un claro ejemplo de ello. Recorre los hornos y lagares sembrados en cada uno de sus pueblos y se aproxima también al Molino de Pradela, una construcción que mezcla adobe y piedra y que ha sido objeto de una concienzuda restauración para su puesta en valor. Aprovecha las corrientes del río Cúa y sus afluentes para moler el grano de cereal. Porque siempre es bueno saber que la harina no se produce en un paquete de plástico.

En el dintel de la entrada del Palomar de Carracedo figura todavía su fecha original. 1769. Este fue el año de su construcción y lo convierte en el palomar documentado más antiguo de la provincia de León.

Tiene siglos de historia pero no aparenta tal cosa y, de nuevo, es gracias una ardua labor de recuperación, fruto del empeño de un Ayuntamiento que también ha peleado por la puesta en valor del ramal del Camino de Santiago que atraviesa Carracedo y para en su monasterio, tras dejar atrás Narayola y antes de continuar hacia Cacabelos.

Así, Carracedelo tiende puentes al pasado para forjar un futuro, Y si de puentes se habla, también tiene que decir, pues conserva dos colgantes en Villadepalos y Villaverde que también hacen ruta.

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