lunes 26/10/20

El ecosistema de la vieja MSP

Todo el terreno adyacente a La Fábrica de Luz. Museo de la Energía de Ponferrada, al lado del río Sil y bajo el puente del Centenario, es un gran jardín que acoge numerosas plantas silvestres y aromáticas y árboles emblemáticos que han resistido el paso del tiempo como lo ha hecho la propia instalación industrial. ANA F. BARREDO

Hierbas aromáticas y medicinales, árboles y arbustos, hongos y líquenes forman la comunidad botánica que envuelve el Museo de la Energía de Ponferrada. Es el jardín de la vieja MSP, visitable desde hace un tiempo sin limitaciones horarias y con ayuda de una audioguía que la dirección del complejo museístico ha desarrollado para poner en valor el patrimonio natural de los exteriores de La Fábrica de Luz. Su potencial y atractivo es incuestionable, como las ventajas de su ubicación al lado del río Sil, en pleno Camino de Santiago y de paso hacia o desde la Fuente del Azufre.

Romero, salvia, gordolobo, tomillo y brezo, hipérico, malva e hinojo son algunas de las plantas aromáticas y silvestres que conviven en el entorno industrial del Museo de la Energía, un ecosistema propio que se disfruta con la vista, también con el olfato y tiene un enorme poder. Del hipérico o hierba de San Juan se dice que ahuyenta la tristeza, el hinojo, que desprende un inconfundible olor anisado, es un buen aliado del sistema digestivo; el tomillo es perfecto para tratar procesos gripales y la malva y el romero acumulan también un buen número de propiedades que el visitante puede descubrir en un agradable paseo de una media hora de duración. Es el tiempo estimado para la realización del recorrido con nueve paradas dirigido con el apoyo de la audioguía botánica. Únicamente hace falta un dispositivo móvil y seguir la señalización marcada.

No solo de plantas aromáticas y medicinales se nutre el jardín de La Fábrica de Luz. Una falsa acacia, un castaño de indias y un tilo son el trío arbóreo más singular del complejo museístico, los ejemplares más antiguos, símbolos de resistencia, salud y sabiduría. No falta tampoco el abedul, un árbol generoso que abunda en los montes bercianos, ni una importante población de lavanda.

Ahora que el coronavirus ha impuesto nuevas normas y que los meses de confinamiento han llevado a la mayoría a valorar aún más su entorno natural más cercano, perderse en los exteriores del Museo de la Energía, antes o después de pasear a la vera del río o disfrutar de la terraza de la cafetería del complejo, es una experiencia altamente recomendable que no solo alimenta los sentidos, por la mezcla de aromas y los juegos de colores; sino también es un método efectivo de desconexión y relax, al tiempo que permite conocer en profundidad las características, propiedades y usos de cada uno de los ejemplares.

El ecosistema de la vieja MSP
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