martes 02.06.2020
Fuera del pozo

La mina no es del hombre

Fabero inició, a finales del pasado año, la recogida de fotografías de mujeres mineras para contar su historia en el Pozo Julia. Un proyecto que sigue adelante. De momento son quince, pero pueden ser muchas más y el Ayuntamiento hace un llamamiento a las familias para ampliar el homenaje
Varias mujeres seleccionando el carbón en la cinta. DL
Varias mujeres seleccionando el carbón en la cinta. DL

Delfina Abella, Gumersinda Cadenas, Erundina Alfonso, Almudena Rodríguez, Lucinda Ramón, Anita ‘la cartera, Onelia Ramón, Dolores García, María Ramón, María Ángeles Prieto, Josefa, Avelina Cadenas, Salomé Ramón, Isabel García y Lida Rodríguez. Quince mujeres. Quince mineras que se agarraron a un trabajo considerado de hombres para poder subsistir en la cuenca de Fabero. Muchas eran madres solteras que tuvieron que sacar adelante a su familia en tiempos en los que no estaba bien visto eso de ser madre y no tener marido. Otras eran jóvenes de familias humildes que tenían que aportar a la economía familiar y así lo hicieron hasta que se casaron, porque tampoco estaba bien visto seguir en la mina una vez desposada. No pocas tenían otros trabajos y todas eran aguerridas luchadoras que escogían y lavaban el carbón, cargaban el mineral, basculaban los vagones en la tolva y embragaban vagones en la línea de baldes, realizaban labores de limpieza, cocina y sanitarias en el hospitalillo; subían los raíles de los chamizos, escogían el carbón de la pizarra y hasta se encargaban de limpiar y planchar la ropa de los vigilantes. Hacían de todo fuera del pozo, porque el interior era cosa de hombres. Y no pocas compaginaban este trabajo con otros porque, aún haciendo las mismas labores, cobraban la mitad que los varones.

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Cuatro mujeres con sus palas durante una jornada laboral. DL

A estas quince y a todas las mujeres mineras de la cuenca Fabero-Sil les ha querido dar su lugar el Ayuntamiento de Fabero con un proyecto que comenzó a finales del pasado año y que sigue en marcha. Continúan recogiendo fotografías de cada una de las mujeres del carbón y emplazando a las familias a que sumen el recuerdo de las suyas a un bien común que ya ocupa un lugar destacado en el Pozo Julia. De momento, son quince los rostros pero muchas más las posibilidades. Solo en Fabero hubo más de un centenar de mineras. Es poco si se compara con los 3.000 hombres que llegaron a trabajar únicamente en el Pozo Julia, pero suficiente para recordar su historia.

La historia de Josefa, que cosía pantalones por la noche y trabaja en la mina de día para sacar adelante a su hijo. La historia de Anita, apodada ‘la cartera’ porque ayudaba a su padre a repartir el correo. La historia de Erundina, que fue una de las pioneras al iniciarse en la mina en los años 40 paleando y abriendo zanjas y caminos. La historia de Almudena, combatiente por naturaleza que peleó por sus derechos y fue de las pocas que consiguió jubilarse en la mina. La historia de Dolores, que entró a trabajar con solo 14 años. La historia de María, que nunca estuvo asegurada y no pudo percibir su propio salario, pues era su padre el que cobraba por su trabajo. La historia de Gumersinda, madre soltera de dos hijos que emigró a Bélgica y, cuando volvió, la mina fue su único recurso. La historia de muchas mujeres que sostuvieron las cuencas a todos los niveles.

La mina no es del hombre
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