miércoles 5/8/20
De viaje a

san adrián del valle

San Adrián del Valle es uno de los lugares en los que el visitante se ve obligado a realizar un viaje interior. Interior, en el más amplio sentido de la palabra, porque una de sus mejores atracciones turísticas se hunde en las entrañas de la tierra. Además, induce al caminante a repensar el mundo que hemos dejado atrás, uno en el que la voluntad hacía posible excavar las cuevas más grandes de Europa. Para no perdérselo
jesús f. salvadores
jesús f. salvadores

Dicen los que saben que hubo un tiempo en el que cada familia tenía la suya. Las exploraban asomándose a la última linde de la tierra, excavando, extrayendo la tierra para crear un templo en el que elaboraban el vino que extraían de las vides que se multiplicaban en una de las zonas más prolíficas del Páramo. Las cuevas de San Adrián son uno de los hitos etnográficos de la provincia. De sobra conocidos, no por ello hay que dejar de recordar que alguna de ellas, como la de doña Rosa, presume de ser la más grande de Europa. En sus mejores tiempos llegó a tener alrededor de mi habitantes y se dice que cada uno de ellos tenía su propia cueva, una característica que le ha conferido un perfil único e inolvidable. La bodega de doña Rosa —con una superficie de seis mil metros cuadrados— llegó a fermentar el vino para su distribución industrial y sus ventas crecieron hasta el punto de que los propietarios llegaron a instalar raíles con los que conducían las vagonetas y trasnportaban el material. Todo en ella es sorprendente e inmenso: las estancias, pasillos y las cubas en las que se conservaba el fruto de la vid. En ella hay, por ejemplo, una cuba de madera de 112.000 litros y un depósito de barro de un millón de litros, más otros dos de cemento de cemento de 300.000 cada uno. Y es que, en la época de mayor esplendor del pueblo, podían producirse no menos de 1.280.000 litros al año y contaba con unos 40 trabajadores de forma permanente que se multiplicaban en tiempos de campaña. La uva se movía por su interior en vagonetas. Incluso se estudió un proyecto para construir un ramal con el que transportar el vino hasta Pobladura del Valle, en Zamora. La bodega era propiedad de un médico de la localidad, Baltasar Otero que instaló su propia clínica en el pueblo. La mayoría de estas cuevas se realizaron durante el siglo XVIII, hasta el año 1936.

Las cuevas no son la única atracción turística para los que se acercan a San Adrián del Valle. Hay mucho más. Es el caso de su iglesia parroquial con elementos artísticos de interés y la fábrica alcoholera y destiladora, una gran muestra de arquitectura industrial. Una visita diferente y siempre satisfactoria.

Los amantes de la naturaleza también tienen un ‘debe’ con esta hermosa localidad del Páramo leonés. Enclavado junto al Arroyo del Reguero Grande del Valle, afluente del río Órbigo, ofrece al caminante varias rutas por el monte.

Las rutas permiten realizar el camino tanto a pie como en bicicleta, con itinerarios circulares en los que la orografía permite disfrutar del paisaje y el deporte por igual.

Es el caso de la que atraviesa el monte de Valcabado y Alija y tiene una duración media de dos horas y media. Atraviesa la laguna de Maridiez, Saludes de Castroponce , Alija del Infantado y Maire de Castroponce. Otra de las rutas permite al ciclista acudir hasta Morales del Rey, un pueblo en Zamora enclavado entre dos montañas, el Teso y Peñaredonda. El itinerario tiene una dificultad moderada y puede realizarse en poco más de dos horas. El camino cruza a través de monte de pinos y encinas y permite contemplar los cultivos de regadío de maíz, patata, y remolacha que enriquecen de un color verde la primavera y parte del verano de esta localidad.

Los restaurantes de San Adrián del Valle permiten disfrutar de la mejor gastronomía del Páramo y ofrece exquisitas carnes rojas, chulerías de lechazo, sus típicas ruletas, grandes platos redondos de barro con diferentes apartados, y pueden ser de carne o pescado.

san adrián del valle
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