sábado 21/5/22
Qué hacer en León

A vista de Páramo

Desde San Pedro Bercianos se ve el cielo estrellado que hace chaflán con el suelo del Páramo, que no es yermo, que es llanura, no estepario. A vista de Páramo, San Pedro Bercianos y La Mata del Páramo envuelven cada año una masa de maíz que ondea por el mar del interior, el mar íntimo de León
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El Páramo se hace mar a una hora determinada en la llanura de León. RAMIRO

A vista de Páramo, San Pedro Bercianos distrae de los ajetreos que pueden llevar al visitante a un lugar de paz, que hace chaflán entre el cielo y la llanura leonesa. No hace falta esperar a que los maizales se hagan espesura, y regulen la temperatura del verano, para ese acontecimiento que encandila entre el verde del suelo y el azul del firmamento, de las tardes soleadas. San Pedro Bercianos es esa parte de la escritura natural que forma parte del repertorio de lugares paradisiacos de León. La corteza, moldeada por el viento y la mano del hombre, que ha creado un ecosistema próspero, en lo que se basa la agricultura desde que la raza humana decidió asentarse, y alejar las inquietudes de los nómadas en un lugar, envuelve una fruta que se deja comer todo el año.

San Pedro Bercianos y La Mata del Páramo forman un municipio contrastado por la historia, de asentamientos sedentarios de pioneros que vieron que el lugar era adecuado para echar raíces, y dejar que creciera la estirpe. Hace más de 1.200 años que estas tierras paramesas, cuando la piel era recia y guardaba la esencia en su interior, ya ofrecían productividad, contra la idea de que los páramos son eriales, y la vida despoblado.

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Pintoresca imagen de la localidad paramesa. RAMIRO

El viento ayudó para alejar la creencia de que en los marcos esteparios no cabe otra cosa que la estepa; el viento, y el agua. Que ha convertido a estos términos, donde primera vez se asentaron pueblos que se llamaron Cacabillos y Villapepe, en ejemplo de vanguardia en los cultivos, eficiencia en la productividad, señuelo del respeto al entorno.

Por eso se elevaron las choperas que escoltaron las regueras y las acequias; por eso los penachos del maíz son más altos, y hacen ondas como aguas serenas en mitad de la inmensidad del océano. Ese maíz que es distintivo del avance ya germina bajo tierra, en piezas aparceladas por las últimas reformas agrarias, que han venido a cambiar el perfil del azadón y el agua por el pie con tallos que son fuentes, y reparten como hisopos el agua bendita que bendijo esta tierra para la posteridad. San Pedro Bercianos, cabeza del Ayuntamiento, y La Mata del Páramo, se abrazan a un modelo económico que es tan cultural como los pasos de los nómadas por las tierras alta del Tíbet.

Sin otro relieve que aquella línea del Teleno que esconde el sol todos los crepúsculos, esta esquina del centro del Páramo leonés ofrece uno de los espacios en los que anida la nueva oportunidad para las generaciones jóvenes y las venideras, que necesitan referentes tradicionales, vocacionales, y la certeza de la rentabilidad para mantener un negocio en el sector primario, que es un negocio a la intemperie; ya se trate de cultivar patatas, alubias o trigo, o el grano dominante que es ahora el maíz.

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Vista general de San Pedro Bercianos. RAMIRO

Por lo demás, sosiego perenne. Da igual que coincida con San Pedro, que es patrono de la localidad que da nombre al municipio, que cada 29 de junio saluda el verano, y enlaza con ese momento cúspide de la luz, que hace de este chaflán del Páramo, del León íntimo e interior, un polo al norte de la vida, de las madrugadas con estrellas, que dejan mañanas de rocío; primero, en las hojas de la alubia, en forma de corazón; luego, en la hoja ancha que protege la mazorca de maíz; da igual que sea por Cristo Rey, en octubre, cuando el ocre del maizal se coloca al borde del estallido de color en una paleta de Van Gogh; igual, en diciembre, por San Juan Evangelista, que La Mata del Páramo dedica a honrar a su santo, entre las heladas de manto blanco que hornea el paraíso.

A vista de Páramo
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