miércoles 21/10/20

Las tripas del Musac

La coordinadora general del Musac, Kristine Guzmán, explica las líneas maestras con las que el espacio y la piel del centro de arte contemporáneo de León se conjugan con las exposiciones
ramiro

Un museo son las obras de arte que atesora, las exposiciones con las que dialoga con la sociedad, los libros que edita para que los argumentarios que escribe con cada temporada no se queden tan sólo en la retina de los visitantes. No, un museo es también el equipo que trabaja para crear las historias y vertebrarlas para que su exhibición sirva para que la gente reflexione sobre el papel que todos jugamos en la creación de la humanidad.

Y, por supuesto, los caminos a través de los cuales las musas se abren camino hacia las salas de exposiciones. El domingo pasado, la coordinadora general del Musac, Kristine Guzmán, mostró en una retransmición en vivo los espacios que permiten que el museo se haya convertido en una de las catedrales culturales de España.

La visita, que puede realizarse a través del instagram del museo, comenzó en las cubiertas del edificio, el lugar en el que mejor se contempla el puzzle creado por los arquitectos. Cuando Emilio Tuñón y Luis Mansilla supieron que disponían de un solar de 8.000 metros cuadrados para proyectar el edificio del Museo de Arte Contenporáneo de León estaban en Italia.

Emilio Tuñón y Luis Mansilla se formaron en el estudio de Rafael Moneo, y para ellos dos de las

premisas básicas de la arquitectura fueron siempre la búsqueda de la igualdad y la diversidad

«No tenían ningún tipo de herramienta que les permitiera contemplar las hechuras de la parcela. No existían los smartphones ni contábamos con Google Maps. Así que idearon un plan a base de cuadrados y rombos, cada uno de once metros de largo y los combinaron mediante bandas quebradas que recuerdan a los mosaicos romanos. «Hicieron un guiño al pasado imperial de León», destaca Kristine Guzmán, que añade que con este sistema arquitectónico permitió alumbrar patios y lucernarios, convertir, el continente creativo en un lugar que pudiera mutar con las circunstancias.

El paseo permitió descubrir además algunos lugares del edificio que habitualmente no son accesibles para el público general, además de conocer conceptos que guiaron a los arquitectos Tuñón y Mansilla en el diseño de uno de los proyectos más destacados de la arquitectura contemporánea española.

La sala de entrada de las piezas, con el gran portalón que permite el acceso de las obras nos llevó hasta la sala de tránsito, el espacio donde reposan las protagonistas de las exposiciones antes y después de cada muestra y que se abre directamente a las salas. Tuñóny Mansilla tuvieron que variar parte del proyecto con el desembarco del equipo de Rafael Doctor. Cambiaron los materiales, se modificó la luz y mutó también el encuadre de las salas.

Los arquitectos Tuñón y Mansilla se formaron en el estudio de Rafael Moneo y para ellos dos de las premisas básicas de la arquitectura fueron siempre la búsqueda de la igualdad y la diversidad, dos conceptos que desarrollaron en el Musac. Esa democracia arquitectónica es una de las características principales del edificio. Así, todas las salas están construidas de hormigón blanco, todas tienen la misma altura (seis metros), se coronan con vigas de hormigón y comparten el espíritu de gran nave industrial con que les dota el diseño de rombos y cuadrados.

Sin embargo, sus espacios son diferentes del mismo modo que se carácter gracias a los diferentes puntos de luz con que son iluminadas. Lucernarios, ventanas y focos de led inspiran la capacidad de cada espacio para resultar diferente dentro de la igualdad.

Además, este espíritu permitió al equipo artístico generar estrategias expositivas en las que no existen los espacios muertos. Todo el espacio, desde el suelo hasta los techos se utilizan en las muestras como parte de la exposición, convirtiendo el museo en un organismo vivo.

Las tripas del Musac
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