jueves. 30.06.2022
DL
Tarta de cumpleaños. DL

Los que cumplen años estos días son cumpleañeros sin besos. Todo desventajas. Aunque hay la genuina opción española de enviar un jamón, que durante un tiempo se convierte en el ser más querido de la familia. Y a un familiar siempre se le hace sitio. Yo ahí lo dejo. El reparto estos días va como un tiro. Desde el día que le oí a Luis del Val definir el jamón como tecnología punta española, no he dejado de repetirlo.

Ahora recuerdo otros tiempos, que es el viaje permitido para estar mejor dentro de lo que cabe. No hay límite de horas, ni de kilómetros ni de épocas. Incluso se puede volver a ese lugar indeterminado que siempre empieza: en mis tiempos... No irse a ellos es a veces quedarse en el ensimismamiento o en la desinformación al instante de las redes. Las sigo menos. Porque están que trinan.

En esos casos la opción es taparse con el periódico, insisto, que lo cuenta todo mejor. Ahí está la garantía de que esas noticias, mejor o peor contadas, muchos días dan en el blanco de la verdad y el corazón. No consumen ni la batería de ningún cacharro ni la propia. Y llegan detrás de un trabajo responsable. Hoy en día se oyen muchas locuras. En lugar de mirando por la ventana, mirando hacia la puerta recuerdo que una vez sonó el timbre y al abrir, me esperaba un joven con un jamón de marca máxima. Traía esto para Miguel. Yo le dije que me podía comprometer a ser Miguel durante cinco minutos, los suficientes para liquidar el trámite, pero que yo no me llamaba Miguel. Aún así, proceda. El chaval se rió y me dijo: disculpe, me habré equivocado. Me despedí diciéndole que en estos casos en lugar de disculpe casi lo mejor que se podía decir era lo siento. Porque sin querer aquel día se convirtió en mi personaje de Cuento de Navidad. Él se fue a seguir con el reparto de esos días en los que se descubre que en cualquier rincón hay un altavoz disparando villancicos.

Si ahora nos ofrecieran esa presunta música machacona por este silencio eterno de casi dos meses que llevamos, lo cambiábamos. Una niña de las que salió estos días estaba tan despistada que le decía a su padre que quería ir a ver el Belén. La cría se ve que asociaba este momento tan histórico con tal vez el único sublime que había vivido en su vida en forma de Navidad. Y tanto preparativo le sonaría a fiesta.

Ese jamón que no se espera se convierte en una ausencia. Como los besos de cumpleaños que no se están dando, por mucho que haya celebraciones desde las ventanas o desde algunos coches. Si tenemos en cuenta que hay otros gestos, abrazos, besos, que no se han podido dar en forma de despedida a los seres queridos, cumplir años a distancia de todos, y estar sano, hay que tomárselo como un elixir de juventud que bebimos juntos prometiéndonos la vida, como cantaba Antonio Vega, que era alguien que le cantaba al sitio de su recreo hablando del Universo. Si los cumpleaños que han pasado estos días tienen sentido es porque se trata de estar cerca aunque sea desde la imaginación. Aunque siendo menos, la tarta se hace grande. Puede que se cante cumpleaños pendiente. Para que un día se soplen las velas que faltan. Más que años, nos quitaremos dos meses.

Cumpleaños sin besos
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