lunes. 03.10.2022
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Dice la Guardia Civil que no hay problema, que el ratoncito Pérez va a poder llegar a todas las casas. Lo ha puesto en su cuenta oficial de Twitter. Le van a hacer un salvoconducto para que pueda ir de calle en calle. Y hasta le van a abrir un corredor, como esos humanitarios de las guerras, para que no falte a su cita debajo de la almohada. Es cuestión de humanidad, sí, porque estamos en una guerra.

Yo lo agradezco, la verdad. No porque esté en edad, bueno, mental quizá tal vez, sino porque no hay nada más difícil que explicarle a un crío por qué tu pastor alemán no se va a comer a Pérez según lo vea entrar por el pasillo.

Una tarea titánica, la verdad. Que no vale de nada que sea sigiloso, los perros huelen. Muy bien. Y tampoco que Ratón digan a perro: tranqui que soy amigo, vengo en son de paz. Perro es rápido y se lo come antes de que pueda abrir la boca. No sé, a veces parece que los niños vienen ahora de serie con el chip del raciocinio. Como si tuvieran poca fe en lo que les dices. Que terminas aplicando la receta clásica de nuestros mayores, de abuelos y padres: porque lo digo yo. Y oye, que resulta. Nada que añadir. Qué vas a decir cuando algo es tan absurdo. Porque lo digas tú, y qué.

Con lo fácil que es creer en cosas maravillosas. Tardas aún en descubrir que se esconden en pequeños detalles. Una lástima. Lo de tardar tanto. Sí, tardas más que en saber cómo se las gasta Pérez. Hoy, por ejemplo, hay una hora menos de encierro, con lo que he despotricado yo por el cambio horario. O ahora, en tiempos del Virus, no tener ni una décima de fiebre. Quién nos lo iba a decir. Si cuando eras pequeño y tenías 37,2 te mandaban al cole sin rechistar porque eso era una na, febrícula. Ahora, es la alarma.

Hay un temor a lo que dice el termómetro, que es el nuevo oráculo de las casas. Como el miedo ancestral al hombre del saco. Sólo con imaginarlo, espanta. Ahí está, presidiendo la mesa. Pasas dos veces al día por su control. No te libras ni con salvoconducto de la Guardia Civil.

Al principio, cuando todo esto empezó, soñaba con un corredor humanitario, de 8 a 9 de la noche, para poder ir con vosotras, amigas, con vosotros, amigos, con vosotros, familia, para contarnos lo de siempre, cómo ha ido el día, echar unas risas, tomar algo y decir sin decir nada cuánto os quiero. Bastaría un deja que pago yo o invítame que no he pasado por el banco, con una mirada para sincronizar la carcajada o para saber que eso, sea lo que sea, pasará. Ahora, cuando el Virus pone nombres y apellidos que conocemos, cuando nos toca tan de cerca que nos deja sin aliento y sin palabras, cambiaría ese sueño de una tarde de primavera por un corredor humanitario que llevara a Laura hasta Vicente y a Mónica con Milagros para cogerles de la mano y decirles qué importante lo que nos han enseñado. Para estar ahí, con ellos hasta el final como ellos han estado con nosotros desde el principio. Cuando todo esto acabe, les daremos el homenaje, el respeto que se merecen, el que siempre se han merecido. El que el Virus les ha arrebatado. Héroes. Somos por ellos. No lo olvidemos. No los olvidemos. Os dejo. Hasta mañana. Cuidaros mucho.

El corredor de Pérez
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