sábado 4/12/21

«Da igual lo que digan los políticos. Nos vamos a tener que jubilar más tarde, sí o sí». Diego Valero, director del Programa Global de Pensiones, lo tiene claro. Ahora bien, no prevé ningún cataclismo: «Si tenemos en cuenta la evolución demográfica y el déficit previsto para el sistema, alargando la edad de jubilación cuatro años se lograría la estabilidad hasta 2050». En su opinión, hasta entonces no habrá grandes reformas de las pensiones, sino ajustes, «que son más fáciles de asumir por parte de los políticos». Entre los más probables, señala «la congelación de las pensiones máximas, sumada a una mayor contribución de las rentas medias y altas, lo cual supondría otro mecanismo para la redistribución de la riqueza».

Mercedes Ayuso, catedrática de Estadística Actuarial de la Universidad de Barcelona, reconoce que se avecina un gran incremento de gasto, «que ya vemos mes a mes», con la jubilación de la generación del ‘baby boom’, y vaticina que alcanzará su pico en la próxima década. «El problema es que las pensiones están diseñadas con la estructura social del siglo XX y no responden a la demografía actual. Hace falta adaptarlas a la estructura del siglo XXI», analiza la especialista, que tampoco prevé ningún apocalipsis y que ve en el sistema de cuentas nocionales de Suecia un buen espejo en el que mirarse. «Otros países ya han pasado por nuestras dificultades, porque nuestro ‘baby boom’ ha sido tardío, y han demostrado que existen soluciones», agrega.

Valero es menos optimista y sostiene que, si bien la última reforma del Gobierno estabiliza la sostenibilidad financiera de las pensiones a corto plazo, «la sostenibilidad actuarial, a largo plazo, no está garantizada para nada». Y propone que al retraso de la edad de jubilación se sume la promoción del ahorro complementario, que considera clave. «Un buen ejemplo es el del fondo público de Canadá», subraya. Pablo A. Muñoz, del departamento de Administración y Economía de la Empresa de la Universidad de Salamanca, está de acuerdo en la necesidad de complementar las pensiones públicas de los trabajadores. Y añade un elemento aún más relevante para que el derecho a una pensión no se tambalee: «Debemos crecer para que nuestra economía genere más puestos de trabajo y recaudación».

Alargar la edad de jubilación cuatro años para lograr el equilibrio
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