jueves 19/5/22

Los principales institutos económicos de Alemania, con rango de oráculo para muchos ciudadanos de ese país, respaldaron los temores de su Gobierno respecto al gas ruso: cortar ahora de pronto con esos suministros hundirá a la primera potencia europea en la recesión en 2023.

Por lo pronto, los expertos de los institutos revisaron a la baja el pronóstico de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) para este año. Del 4,8 % que estimaron el pasado otoño -es decir, antes de que estallara la guerra de Ucrania- pasaron esta primavera al 2,7 %, que puede terminar siendo un 1,9 % si la situación se enquista.

Estiman ahora que la inflación se situará este año en el 6,7 %. Sería el nivel más alto desde hace casi cuarenta años. Pero menos aterrador que el 7,3 % interanual que se notificó ayer para el mes de marzo, un repunte que los institutos confían tenderá a suavizarse en los próximos meses.

«No son buenas noticias», sentenció el economista Stefan Kooths, del Instituto de Economía Mundial (IfW), de Kiel, uno de los institutos que forman ese gremio.

La guerra ha desbaratado las esperanzas de una sólida recuperación tras los estragos causados por la pandemia en los dos ejercicios anteriores. No solo porque ha afectado el suministro de materias primas y acentuado la escalada de precios del sector energético, sino también por las perspectivas, que nadie descarta, de una ruptura abrupta de la dependencia energética de Rusia.

Alemania ha empezado a acceder a las exigencias de otros socios europeos -y también de los socios verdes en la coalición del canciller socialdemócrata Olaf Scholz-. Respaldará un embargo a escala europea del carbón ruso —que supone un 45 % del que importa—, aunque contempla agotar hasta consumarlo el plazo de cuatro meses más o menos sugerido desde Bruselas.

Alemania se ve en recesión si corta con el gas ruso