domingo. 14.08.2022
                      Una mujer compara precios en un supermercado. ANTONIO LACERDA
Una mujer compara precios en un supermercado. ANTONIO LACERDA

El tremendo alza de los precios de la cesta de la compra, que ha subido un 10,2% en un año como consecuencia de la guerra en Ucrania, está dando la puntilla a los hogares más vulnerables. Aunque el encarecimiento de precios, el más loco y veloz en 37 años, perjudica a todos, lo cierto es que se ceba fundamentalmente en los desfavorecidos, que, consumiendo solo lo básico, lo mismo que hace doce meses, han perdido más capacidad adquisitiva que los ricos.

El resultado es que el aumento de la inflación está agudizando las desigualdades entre españoles, que ya se habían disparado con la crisis social desatada por la pandemia, según concluye un informe monográfico de Oxfam.

Los 13,2 millones de españoles que están en riesgo de exclusión social o viven ya directamente bajo el umbral de la pobreza, el mayor número desde la gran crisis, son también a quienes mayor factura está pasando la inflación.

Los productos que más se han encarecido son los alimentos básicos y la energía, justo los que componen la cesta de la compra de los más pobres. Esto hace que, mientras las familias con menos recursos hayan perdido un 14% de poder adquisitivo respecto a 2021, entre los que ingresan más de 5.000 euros al mes la merma de capacidad de compra se quede en el 11%. Esto significa que la inflación ha debilitado un 30% más a los hogares desfavorecidos que a los ricos.

Un claro ejemplo es la energía. Los españoles más pobres, debido a la escalada de precios del petróleo y el gas, han necesitado destinar a las facturas de luz, gas o butano casi cuatro euros de cada diez, ahogando su maltrecho presupuesto doméstico. Los más pudientes, por contra, también han invertido más en energía, pero nunca han superado el 10% de los gastos mensuales.

Pero la pobreza energética, que obliga a tirar de manta o abanico según el caso al 14% de los españoles, que no tienen más remedio que racionar o apagar la calefacción o los ventiladores, está llegando ya a la clase media baja. Oxfam calcula que el 4% de estos hogares, unos 75.000 en todo el país, ha tenido que destinar hasta la mitad de sus ingresos al gasto de energía.

Mientras el gas, la electricidad o los carburantes están asfixiando la economía de las familias más vulnerables, la ONG destaca que las cuatro grandes empresas españolas del sector vieron como entre 2020 y 2021 aumentaban sus ingresos en un 34%, como sus beneficios doblaban la media del último lustro y como en el último año las centrales hidroeléctricas y las nucleares (sin consumo de combustibles fósiles) les aportaban más de 6.00 millones de euros de ganancias, los llamados ‘beneficios caídos del cielo’. Por eso, una de las medidas más urgentes que Oxfam reclama al Gobierno para combatir el alza de la desigualdad social sea un impuesto a los beneficios extraordinario de las energéticas.

Un segundo aspecto que delata las estrecheces por las que están pasado la clase baja y media es el de la capacidad de ahorro, laminada por la inflación. Antes de desbocarse los precios, la mitad de las familias españolas conseguía ahorrar en mayor o menor medida. Con el sorpresivo encarecimiento de los productos básicos solo 30%, los más pudientes, logran ahorrar algo. Una caída de 20 puntos en cuestión de meses. Pero, como en todo lo demás, el palo más gordo se lo llevan los hogares más pobres, donde la capacidad de ahorro, si no ha desaparecido, ha empeorado 3,5 veces.

«Estos datos, por desgracia, confirman que la inflación sí entiende de clases, castigando a unos más que a otros, ya que la vida es más cara para aquellas personas que menos recursos tienen», explica Ernesto García, coordinador de Recuperación Justa de Oxfam en España. «Claramente el aumento de precios está afectando especialmente a los hogares con menor capacidad de renta, agudizando la desigualdad», añadió.

García recuerda que, además, la igualdad crece desde una situación ya crítica debida a los coletazos de la pandemia.

El alza de precios dispara las desigualdades entre españoles