domingo 29/5/22

El despliegue de la tecnología 5G de telefonía móvil en la UE «necesita un nuevo impulso». Y no lo dicen sus autoridades políticas, sino sus técnicos, algo más preocupante porque analizaron con detalle la situación de estos planes que llevan «un gran retraso».

Lo ha hecho el Tribunal de Cuentas Europeo y advierte que, al ritmo actual, «probablemente no se cumplan los objetivos para este decenio». La primera meta, fijada en 2016 por la Comisión Europea (CE), era «garantizar» que las zonas urbanas y las principales vías de transporte tengan cobertura 5G ininterrumpida antes de 2025 —aún así la proporción sería inferior a otras regiones—. Y en marzo de 2021 se amplió a llegar a todas las zonas pobladas de Europa antes de 2030.

Sin embargo, la propia CE reconoce que solo once Estados miembros tienen probabilidades de alcanzar el objetivo de 2025. Así, solo Francia y España tendrían una posibilidad «alta», mientras que en Alemania sería «media» y en Italia «baja».

Apenas la mitad de los socios europeos han introducido esos objetivos de despliegue en sus estrategias nacionales de 5G o en sus planes de banda ancha. Algunos ni han transpuesto aún a su derecho nacional el Código Europeo de las Comunicaciones y en muchos se retrasó la asignación de espectro. Sobre esto último, de las tres bandas de frecuencia pioneras usadas para las nuevas redes, a finales de otoño solo se había asignado el 53% de las franjas disponibles. La Comisión tiene su parte de culpa, pues no ha definido la calidad que deben ofrecer las redes 5G, ni tampoco su velocidad mínima ni la latencia máxima. Según los auditores europeos, esta «falta de claridad» eleva el riesgo de que cada Estado haga su interpretación con enfoques «divergentes» de despliegue.

Los auditores ven un riesgo de mayor brecha digital por el retraso con el 5G
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