jueves. 01.12.2022

La red de protección tejida por el Gobierno durante la crisis con medidas como los ertes, las moratorias al consumo e hipotecas, los préstamos avalados por el ICO o las ayudas directas a empresas han bloqueado el temido repunte de la morosidad en los últimos meses.

En los peores momentos de la pandemia, los más agoreros, incluidos directivos del sector, apuntaban a que los impagos por parte de familias y empresas harían repuntar el indicador hasta máximos de, al menos, el 10%. Pero el tiempo ha dado la razón a los optimistas y la mora se mantiene en el 4,5%.

Es cierto que el conjunto de las entidades esperan que el pico de impagos llegue en 2022, cuando empiece a notarse el efecto de la retirada de las ayudas. Pero ya nadie piensa en alcanzar cifras de doble dígito que podrían poner en serios apuros a los bancos. Pese a este control de la mora, los expertos reclaman prudencia y tanto el Banco de España como distintos organismos internacionales han comenzado a pedir a las entidades que no se duerman en términos de provisiones por lo que pueda llegar dentro de unos meses. De hecho, los propios bancos han comenzado a detectar ya ciertas señales de alarma en algunas de sus carteras de crédito, con las que tendrán que permanecer vigilantes si no quieren que la situación se descontrole.

Si en la anterior crisis financiera fueron los préstamos inmobiliarios o construcción los desencadenantes del caos, esta vez los mayores riesgos se detectan en consumo y empresas, especialmente entre pymes y autónomos que, tras las generosas medidas de apoyo a la liquidez durante los últimos meses, presentan ahora elevadas tasas de endeudamiento. Ángel Estrada, director general de estabilidad financiera del Banco de España, advierte de que «los riesgos latentes son muy relevantes».

Autónomos y pymes reactivan las alarmas sobre el repunte de la morosidad
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