martes. 31.01.2023

Miguel Blesa es, sin duda, el ex directivo de Caja Madrid que peor horizonte procesal tiene. Amén de su responsabilidad por las tarjetas ‘Black’ y las controvertidas emisiones de participaciones preferentes, está en el punto de mira de la justicia por los sobresueldos que se repartieron en la cúpula entre 2007 y 2010, aún por asignar a un juez de instrucción ordinaria en Madrid.

Este inspector de Hacienda de profesión, financiero de aprovechamiento, aparece como el principal beneficiario de esas retribuciones extra. La Fiscalía Anticorrupción ha pedido su imputación por ello -cobró una indemnización de 2,7 millones a su salida en 2010, sin que queden claras ni la justificación ni el permiso-, además de como máximo responsable de las decisiones que se tomaban en la caja.

Bajo esa misma condición también ha pedido la imputación de su ‘número dos’ -que heredó Rodrigo Rato-, Ildefonso Sánchez Barcoj, quien tenía rango de director general. De él también dependía cualquier «exceso» retributivo, como los denunciados en diciembre por el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), accionista mayoritario de Bankia.

En base a un análisis detallado (‘forensic’) encargado por el banco a PwC, el FROB concluía que esos sobresueldos sin aparente justificación ascendían a 14,8 millones en apenas cuatro años. Desde bonus, indemnizaciones y pactos de no concurrencia hasta subidas salariales «significativamente mayores de las debidas (el 26% en algunos casos)» y gratificaciones extra que enmascaraban lo que debían ser aportaciones para pensiones.

Algunos casos concretos, aparte de Blesa, son el del ex secretario del consejo, Enrique de la Torre, a quien se pagaron 2,9 millones en 2009 «de manera irregular» por conceptos que no eran aplicables. Algo similar ocurre con el ex director de operaciones de la entidad, Ricardo Morado, quien se embolsó 1,9 millones tras un cese que pudo ser, en realidad, voluntario. A su vez, Rafael Spottorno, ex jefe de la Casa del Rey Juan Carlos, recibió 273.000 euros tras dejar la dirección de la Fundación de Caja Madrid.

Parte de estos datos se han comprobado en los correos electrónicos cruzados entre directivos, que muestran cómo en la cúpula no se despreciaba dádiva alguna.

Blesa, en el punto de mira por su indemnización de 2,7 millones
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