viernes 27/5/22
                      Imagen de los precios del combustible en una estación de servicio. STEPHANY LECOC
Imagen de los precios del combustible en una estación de servicio. STEPHANY LECOC

El descontrol de los precios de los combustibles, instalados en una espiral que les ha llevado a incrementar sus costes unos 15 céntimos de euro en la última semana tras la invasión rusa de Ucrania, sigue sin caminar en paralelo a cómo está evolucionando la materia prima de la que se surten el diésel y la gasolina: la cotización del barril de Brent, aun elevada, aún no ha alcanzado los máximos en los que se situó en 2008, cuando rozó los 140 dólares. Este miércoles, el crudo se situaba en los 120 dólares por barril.

Sin embargo, los combustibles sí han roto sus propias barreras con precios que nunca se habían visto en las estaciones de servicio: 1,76 euros el litro de diésel, y 1,81 euros el de gasolina, hasta este miércoles. Y vienen más alzas. La brecha entre lo que cuesta la materia prima -el crudo- y el producto final -el combustible- es cada vez mayor. La evolución de ambas líneas se separa cada vez con más fuerza para desesperación de una economía a la que este sobrecoste petrolífero con respecto al precio del año pasado le puede restar unos 15.000 millones de euros este año.

Hay una razón básica que explica esta evolución de los combustibles: el precio del crudo, aunque la correlación sea cada día más distante. «No solo influye el coste del barril, sino otros muchos factores como el transporte, el margen de mayoristas y especialmente los impuestos», recuerda Victoria Torre, directora de Oferta Digital de Singular Bank. En el camino transcurrido en los últimos 14 años, cada euro gastado en combustible ha ido incorporando cargas que van alejando su coste del petróleo: impuestos y tasas, por una parte, pero también el propio incremento de precios de toda la cadena de distribución del producto, que representan un 15% del combustible. Por su parte, los tributos directos que gravan al combustible, como el IVA o Hidrocarburos, no han cambiado en los últimos años. Pero representan aproximadamente la mitad. Y con una base imponible cada vez mayor (el coste del combustible), el impacto de los tributos también aumenta en el precio final.

Además se encuentran los márgenes, que llegaron a ser negativos en 2020, pero desde entonces no han dejado de trepar hasta máximos del año 2012. El precio de los combustibles esconde otra realidad que poco a poco va impregnando el surtidor: las decisiones que los últimos gobiernos han ido adoptando en torno a la energía. «Es evidente que ha habido aumentos de costes regulatorios e impuestos en esas fechas», destacan.

El fondo de eficiencia energética, que se puso en marcha en 2014 para financiar medidas de ahorro energético, lo pagan al 50% las petroleras. Supone un coste estimado en 200 millones de euros al año por parte de medio millar de empresas. Por otra parte, los biocombustibles comenzaron a ser gravados a partir de 2013 con el mismo tipo que el resto de combustibles.

La brecha del combustible se agrava con el crudo por las tasas
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