lunes 18.11.2019

Bruselas penaliza el futuro de España y augura menos crecimiento y empleo

Bruselas penaliza el futuro de España  y augura menos crecimiento y empleo

salvador arroyo | bruselas


Nubes más densas sobre la economía española. Ese es el ambiente que dibujan las últimas previsiones de Bruselas, que apuntan a que cerrará con un crecimiento del 1,9% este año, cuatro décimas menos de lo que se proyectó el pasado julio (2,3%). Y en descenso; 1,5% en 2020 y 1,4% en 2021. España se vería ahora más arrastrada que hace tres meses por las incertidumbres (las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos, la debilidad del sector manufacturero y las incógnitas del ‘brexit’). Pero también por la ausencia de un presupuesto bien armado por la inestabilidad política en un país que este domingo irá a sus cuartas elecciones generales en cuatro años.


El tijeretazo que da el Ejecutivo comunitario a la expansión económica es notable, incluso superior a la corrección que realizó en octubre el Ministerio de Economía (su cálculo para este 2019 es del 2,2%; para el próximo, del 1,9% y para 2021, del 1,8%). Pero en la brecha entre Madrid y Bruselas hay que considerar un detalle estadístico: de las cuatro décimas de recorte, dos responden al ajuste a la baja del crecimiento que el INE realizó en septiembre (recortó dos décimas el dato de 2018) y que el Gobierno en funciones solo atendió a medias. Las otras dos décimas las justificaría la desaceleración generalizada, más acusada.


La Comisión Europea insiste: España está más preparada para hacer frente a las crisis que en el pasado y hoy resiste mejor que otros vecinos el impacto de la frenada mundial. Pierre Moscovici, responsable europeo de Asuntos Económicos y Financieros, planteó que el país «ha mantenido un crecimiento envidiable con Gobiernos minoritarios de distinto signo desde 2015». Así que (la situación política) no ha quebrado la inercia, aunque siempre es «mucho mejor aprobar presupuestos y Gobiernos mayoritarios, pero es el pueblo español el que decide», aseguró sin intención (dijo) de inmiscuirse en la contienda electoral.


Ante esa ausencia de presupuesto para 2020 (el que está encima de la mesa es la segunda prórroga del planteado por el último Gobierno de Mariano Rajoy), el informe de Bruselas recuerda a Madrid que su déficit no bajará del 2,2% este año. Y que esa diferencia entre los ingresos y gastos no se conseguirá aminorar hasta 2021 (2,1%). En la misma línea, también lanza un mensaje inquietante: no cabe esperar que el paro caiga de la cota del 13% hasta dentro de dos ejercicios, lo que significaría un ritmo en la creación de puestos de trabajo sensiblemente inferior; del 2,2% de 2019 al 1% en 2020; de los 400.000 a menos de 200.000 nuevos empleos. La Comisión recordó a España hace un par de semanas que el borrador que le había presentado incurría «en un riesgo de desviación significativa del déficit». Alertaba de un crecimiento excesivo del gasto público —hasta el 3,8%, superando notablemente el 0,9% recomendado—. Una multiplicación por cuatro que en sí no daba por plenamente válida, al ser consciente de la provisionalidad de las cifras por la ausencia de un Gobierno estable en el país. Con todo, siguen en vigor los ajustes requeridos (bien incrementando los ingresos o bien aminorando los gastos) que se traducen en cuadrar más de 6.000 millones de euros anuales para cumplir con los cánones europeos.



Alemania e Italia


El informe de previsiones de otoño revela que el nivel de evolución de la economía española será hasta ocho décimas superior a la media de la eurozona (el PIB de los diecinueve que comparten divisa crecería este ejercicio un 1,1% y un 1,2% en 2020 y 2021) y estará aún más disparado si se compara con las otras grandes potencias del euro: Alemania no levantará este 2019 más del 0,4%; Francia, el 1,3%; e Italia, un raquítico 0,1%.


De hecho, la preocupación de Bruselas no es España. Su foco apunta a Berlín y Roma, aunque por motivos diametralmente opuestos. A la primera se le vuelve a requerir un mayor esfuerzo presupuestario para ayudarse a si misma y a todo el club. Dejar a un lado la austeridad para gastar más. Lo que, tirando de metáfora, Moscovici definió como «encender la calefacción». Si Angela Merkel no mueve ficha, el motor alemán no carburará más del 1% los dos próximos años. «Estamos en una fase más plana, lo que no significa que vayamos hacia la recesión, sino que el crecimiento es muy moderado. Así que si hace frío.»... hay que «encender la calefacción». Se necesita calor. Una inyección de dinero público en las economías alemana y holandesa. Pero, eso sí, como parte de una «acción coordinada» con el resto de la eurozona.

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